¿ Qué alimentos afectan negativamente a tu microbioma?
Este artículo explica de forma clara qué alimentos pueden dañar tu microbioma y qué hábitos conviene priorizar para protegerlo. Responde preguntas clave como cuáles son los bad foods for microbiome más comunes, cómo influyen el azúcar, los ultraprocesados y los aditivos, y qué papel juega una prueba del microbioma intestinal para personalizar tu dieta. También aprenderás cómo funciona un test del microbioma, sus beneficios, limitaciones y consideraciones éticas, además de estrategias basadas en evidencia para recuperar el equilibrio intestinal con fibra, prebióticos, probióticos y hábitos de vida. Si te interesa mejorar tu digestión, energía y bienestar general, aquí encontrarás una guía completa, práctica y actualizada.
- El microbioma intestinal influye en digestión, inmunidad, metabolismo, salud mental y energía.
- Principales bad foods for microbiome: azúcares añadidos, ultraprocesados, grasas trans, alcohol en exceso y edulcorantes selectos.
- El exceso de comida rápida y bebidas azucaradas reduce la diversidad microbiana y favorece inflamación.
- Emulsionantes y aditivos pueden alterar el moco intestinal y la permeabilidad en personas sensibles.
- Una prueba del microbioma ofrece un mapa bacteriano útil para personalizar dieta y hábitos.
- Los tests en casa son cómodos; valida calidad, privacidad y soporte clínico del proveedor.
- Para resultados fiables, evita antibióticos recientes y cambios extremos de dieta previos a la prueba.
- Después, prioriza fibra, prebióticos, alimentos fermentados, sueño de calidad y manejo del estrés.
- Consulta a profesionales si tienes síntomas persistentes o condiciones digestivas complejas.
- Elige proveedores éticos y transparentes para proteger tus datos y recibir recomendaciones útiles.
El microbioma intestinal, ese conjunto inmenso de bacterias, arqueas, hongos y virus que viven en el tubo digestivo, participa en procesos tan diversos como la digestión de la fibra, la síntesis de vitaminas, la regulación del sistema inmune y la producción de metabolitos que afectan al cerebro. Por ello, cuidar lo que comemos y entender cómo responden nuestras bacterias a ciertos alimentos no es una moda: es una herramienta de salud. En las últimas décadas, la ciencia ha identificado patrones alimentarios que erosionan la diversidad microbiana y favorecen la inflamación, a la vez que ha documentado los beneficios de una dieta rica en fibra y mínimamente procesada. Este artículo te guía por los “malos alimentos” para tu microbioma, la importancia del ecosistema intestinal en la salud general y el papel de las pruebas del microbioma. También encontrarás cómo prepararte para una prueba, leer tus resultados, implementar cambios efectivos y escoger proveedores confiables con criterios éticos y de privacidad.
1. Los malos alimentos para el microbioma (Malos alimentos para microbioma)
Cuando hablamos de “malos alimentos” para el microbioma, nos referimos a patrones que, mantenidos en el tiempo, reducen la diversidad, favorecen la disbiosis (desequilibrio) y promueven un entorno inflamatorio. Entre los principales culpables están los azúcares añadidos, los ultraprocesados, las grasas trans y algunos aditivos. El consumo crónico de bebidas azucaradas, bollería y postres con alto índice glucémico alimenta a especies oportunistas que fermentan azúcares simples en exceso, produciendo metabolitos que pueden alterar el pH local y favorecer la inflamación. Esta dinámica, sumada a dietas pobres en fibra, empeora la proporción entre bacterias beneficiosas productoras de butirato y otras menos deseables. El butirato, un ácido graso de cadena corta, es crucial para la integridad de la barrera intestinal y para amortiguar procesos inflamatorios; cuando escasea, la mucosa intestinal puede debilitarse.
Los ultraprocesados suelen combinar harinas refinadas con grasas de baja calidad, saborizantes y conservantes. En especial, las grasas trans industriales han sido asociadas con mayor inflamación sistémica y peor perfil cardiovascular; aunque el efecto directo de las trans sobre la microbiota requiere más investigación, su papel inflamatorio general crea un terreno inhóspito para especies beneficiosas. A su vez, el patrón de comida rápida —alto en sodio, azúcares y grasas, bajo en fibra— reduce la variedad de sustratos fermentables, empobreciendo la diversidad microbiana. Otro foco de atención son ciertos emulsionantes presentes en salsas, helados y productos “listos para comer”, que, en modelos animales y algunos estudios humanos, se han relacionado con cambios en la capa de moco intestinal y mayor permeabilidad en personas susceptibles. No significa que todos los aditivos sean problemáticos para todos, pero la exposición frecuente y combinada podría inclinar la balanza en individuos sensibles o con un microbioma ya frágil.
Los edulcorantes no calóricos muestran efectos heterogéneos: algunos, como sacarina o sucralosa, han sido vinculados en determinados contextos con alteraciones glucémicas mediadas por la microbiota; otros, como la estevia, parecen más neutros, aunque las respuestas individuales varían. El alcohol en exceso también reduce la diversidad y puede favorecer el sobrecrecimiento de bacterias en el intestino delgado, además de inflamar la mucosa y alterar la motilidad. No todos los “malos” alimentos actúan igual ni con la misma magnitud, pero el denominador común es la reducción crónica de fibra y compuestos bioactivos de alimentos integrales. Por ello, más que satanizar un ingrediente aislado, conviene observar el patrón completo: frecuencia, cantidad, combinaciones y carencia de fibra y polifenoles. Reducir gradualmente bebidas azucaradas, dulces, snacks ultraprocesados, bollería industrial, frituras y alcohol excesivo, e identificar aditivos recurrentes (p. ej., carboximetilcelulosa, polisorbatos), puede marcar la diferencia. Sustituir por alternativas ricas en fibra, granos integrales, legumbres, frutas, verduras y grasas saludables (aceite de oliva, frutos secos, semillas) ayuda a nutrir bacterias productoras de butirato, propionato y acetato, metabolitos asociados a una mucosa sana, mejor sensibilidad a la insulina y menor inflamación. La clave es la consistencia: pequeños cambios repetidos, sostenidos en el tiempo.
2. Importancia del microbioma intestinal para la salud
El microbioma intestinal es un órgano funcional. Contribuye a descomponer fibra que el organismo no puede digerir, produce vitaminas como K y algunas del grupo B, y genera ácidos grasos de cadena corta (AGCC) fundamentales para la salud de los colonocitos. Estos AGCC, en especial el butirato, fortalecen la barrera intestinal, regulan la inflamación, modulan la respuesta inmune y dialogan con el sistema nervioso a través del eje intestino-cerebro. Esta conexión ayuda a explicar por qué desequilibrios microbianos se asocian con síntomas gastrointestinales, cambios en el estado de ánimo o variaciones en la energía. Un microbioma diverso y estable suele correlacionarse con resiliencia metabólica y menor riesgo de ciertas enfermedades crónicas. En contraste, la disbiosis se vincula con inflamación de bajo grado, resistencia a la insulina, alteraciones del metabolismo de lípidos y mayor permeabilidad intestinal, un fenómeno descrito como “intestino permeable” en contextos concretos. Aunque es un campo complejo y en expansión, se acumulan evidencias en condiciones como síndrome del intestino irritable (SII), enfermedad inflamatoria intestinal, alergias y asma, dermatitis atópica y, en algunos estudios, con trastornos del ánimo como la depresión, donde la microbiota y sus metabolitos parecen influir en la neurotransmisión y la inflamación sistémica. Cabe aclarar que correlación no implica causalidad en todos los casos, y que las respuestas individuales son variables; aun así, la dirección general sugiere que cuidar la alimentación, el sueño, el manejo del estrés y la actividad física beneficia al ecosistema intestinal. La práctica clínica moderna incorpora cada vez más abordajes integrales: dietas ricas en plantas (con 25–40 g de fibra/día, ajustadas a tolerancia), prebióticos (inulina, FOS, GOS, almidón resistente) y probióticos específicos en casos puntuales, junto a ejercicios de respiración o meditación que reducen la hiperactivación del eje hipotalámico-hipofisario-adrenal. Así, el microbioma sale del laboratorio y entra en la vida diaria como un aliado tangible de la salud general.
3. Cómo funciona una prueba del microbioma intestinal
Las pruebas del microbioma intestinal permiten caracterizar la composición y, en algunos casos, el potencial funcional de las comunidades microbianas en tus heces. En el mercado existen kits domiciliarios que usan técnicas como secuenciación de la región 16S rRNA (para identificar géneros bacterianos) o metagenómica shotgun (que detecta especies y genes funcionales), además de análisis en laboratorio con distintos niveles de profundidad. El proceso típico comienza con un kit de recolección que garantiza estabilidad de la muestra: recoges una pequeña porción de heces siguiendo instrucciones estandarizadas, la sellas y la envías al laboratorio. Allí, la muestra se procesa y se secuencia; posteriormente, recibes un informe con métricas como diversidad alfa (variedad dentro de tu muestra), beta (comparación con referencias), abundancias relativas de bacterias clave, posibles marcadores de inflamación microbiana (indirectos) y, a veces, inferencias sobre capacidad de producir AGCC. Algunas empresas complementan con recomendaciones dietéticas personalizadas basadas en tu perfil, hábitos y objetivos. Es importante conocer las limitaciones: los tests no diagnostican enfermedades por sí solos, la composición varía con el tiempo y con la dieta, y la presencia de un microbio no siempre equivale a actividad funcional. Aun así, son una brújula útil para tomar decisiones informadas, sobre todo si evalúas cambios en el tiempo con más de una medición. Si buscas comodidad y un informe claro, un test del microbioma en casa puede ser una opción; verifica que ofrezca metodología validada, controles de calidad y soporte para interpretar resultados. Si prefieres asesoramiento más profundo o tienes condiciones clínicas, elige un proveedor con acompañamiento profesional. Explorar tu microbioma con una prueba del microbioma te ayuda a alinear tu alimentación con tus bacterias.
4. Beneficios de realizarse una prueba del microbioma
Una prueba del microbioma no es un diagnóstico, pero sí una herramienta poderosa de personalización. Primero, te ayuda a identificar desequilibrios: baja diversidad, escasez de productores de butirato, sobreabundancia de géneros oportunistas o patrones compatibles con dietas pobres en fibra. Con esa línea base, puedes orientar tu plan alimentario: aumentar legumbres si faltan Ruminococcaceae o Lachnospiraceae, incluir almidón resistente a través de patata o arroz enfriado, o reforzar polifenoles con frutos rojos y cacao puro si se busca modular metabolitos. Segundo, la prueba puede alertar sobre bacterias potencialmente patógenas o sobrecrecimientos relativos, lo que motiva una evaluación clínica si hay síntomas. Tercero, al repetirla tras 8–12 semanas de cambios dietéticos, evaluas la respuesta del ecosistema con métricas objetivas, lo que evita decisiones basadas solo en sensaciones subjetivas. Cuarto, para deportistas o personas con objetivos metabólicos, entender la capacidad de producir AGCC y el equilibrio de géneros asociados a metabolismo de carbohidratos y lípidos ofrece pistas para ajustar timing y fuentes de carbohidratos complejos. Finalmente, los beneficios se amplifican cuando la prueba va acompañada de asesoría profesional que contextualiza tus resultados con tu historia clínica, tolerancias y preferencias. Proveedores con enfoque ético y guías claras, como los que ofrecen un kit de microbioma con recomendaciones personalizadas, pueden marcar diferencia en adherencia y resultados sostenibles. El valor real surge al pasar de datos a acciones prácticas, medibles y realistas.
Vea ejemplos de recomendaciones de la plataforma InnerBuddies
Obtenga una vista previa de las recomendaciones de nutrición, suplementos, diario de alimentos y plataformas de recetas de alimentos que InnerBuddies puede generar en función de su prueba de microbioma intestinal.
5. Cómo preparar tu microbioma para una prueba efectiva
Para que una prueba del microbioma refleje tu estado habitual, la preparación importa. Evita cambios dietéticos drásticos las dos semanas previas: si pasas de ultraprocesados a una dieta alta en fibra de un día a otro, el perfil resultante podría no representar tu “línea base”. En lo posible, no realices la prueba mientras atraviesas infecciones agudas gastrointestinales o tras episodios de diarrea o estreñimiento extremos; espera a estabilizar el tránsito. Los antibióticos y ciertos antimicrobianos herbales pueden alterar de manera marcada la microbiota; se recomienda esperar, cuando sea clínicamente seguro, varias semanas después de finalizarlos antes de testear. En cuanto a probióticos, algunos expertos sugieren suspenderlos una o dos semanas previas para observar tu microbioma sin esa influencia externa, aunque si los tomas por indicación médica conviene consultar antes de hacer cambios. También ten en cuenta el ciclo menstrual en personas que menstrúan, ya que el tránsito y la sensibilidad intestinal pueden variar. Hidrátate bien, duerme lo suficiente y evita excesos de alcohol en los días previos; el estrés agudo y la privación de sueño influyen en la motilidad y la inflamación. Sigue al pie de la letra las instrucciones del kit: cantidad de muestra, uso de conservantes, sellado y envío. Escoge un momento en el que tu rutina sea relativamente normal, con ingestas y horarios regulares, para que el resultado capture tu realidad. Si usas suplementos de fibra o laxantes, anótalo; esa información puede ser clave al interpretar. Para quienes padecen SII u otros trastornos funcionales, registrar un diario de síntomas durante la semana previa y posterior ayuda a correlacionar hallazgos microbianos con molestias reales. Prepararte bien no “mejora” la foto, pero sí la hace más fiel y, por tanto, más útil para la toma de decisiones.
6. Cómo interpretar los resultados de la prueba del microbioma
Leer un informe del microbioma requiere equilibrio: ni sobredimensionar un hallazgo aislado, ni minimizar tendencias relevantes. En general, empezarás por la diversidad alfa: mayor diversidad suele asociarse con resiliencia, aunque hay excepciones según el contexto clínico. Luego, revisa grupos funcionales: productores de butirato (por ejemplo, Faecalibacterium prausnitzii, Roseburia, Eubacterium), mucinolíticos en equilibrio (Akkermansia), y potenciales oportunistas (algunos Enterobacteriaceae). Abundancias relativas extremas merecen atención, pero recuerda que “más” o “menos” no siempre es “mejor” o “peor”; la función y el contexto importan. Observa también inferencias sobre capacidad de producir AGCC y metabolizar fibras específicas. Si el informe sugiere baja capacidad fermentativa, incrementa paulatinamente la fibra soluble y el almidón resistente; si hay tendencia a gases excesivos, sube la dosis más lentamente y considera prebióticos bien tolerados. Revisa notas sobre bacterias asociadas a inflamación: su presencia no equivale a patología, pero podría motivar una evaluación clínica si hay síntomas (dolor, heces con sangre, pérdida de peso no explicada). Contrasta tus hábitos con el perfil: dietas pobres en polifenoles y variación vegetal suelen “verse” en la microbiota. Integra datos de tránsito intestinal, sueño y estrés; el ecosistema responde al conjunto de tu estilo de vida. Si el informe compara tu microbioma con cohortes sanas, úsalo como referencia, no como sentencia. Ante dudas, consulta a un nutricionista o médico con formación en microbiota. Y planifica una reevaluación tras implementar cambios durante 8–12 semanas para observar tendencias, no cambios puntuales. Si aún no cuentas con un test, considera iniciar con un test del microbioma con reporte claro y práctico.
7. Cómo mantener y mejorar tu microbioma después de la prueba
Con tus resultados en mano, el objetivo es pasar a la acción. La estrategia base es incrementar la diversidad de plantas en tu dieta: alcanzar 30 o más “puntos vegetales” semanales (sumando frutas, verduras, legumbres, granos integrales, frutos secos, semillas y hierbas) se asocia con un microbioma más diverso. Prioriza fibras solubles (avena, legumbres, chía, psyllium) y almidón resistente (plátano macho poco maduro, patata/boniato/arroces enfriados). Introduce prebióticos como inulina, FOS o GOS según tolerancia; aumenta dosis gradualmente para evitar malestar. Integra alimentos fermentados: kéfir, yogur natural con cultivos vivos, chucrut, kimchi, miso o kombucha (sin exceso de azúcar). Estudios sugieren que consumir diariamente raciones pequeñas de fermentados puede aumentar la diversidad microbiana y modular la inflamación. Elige grasas saludables: aceite de oliva virgen extra, frutos secos, semillas, aguacate y pescados azules ricos en omega-3. Minimiza ultraprocesados, bebidas azucaradas, frituras frecuentes, alcohol en exceso y productos con emulsionantes recurrentes. En paralelo, cuida hábitos no dietéticos: duerme 7–9 horas, maneja el estrés con prácticas como meditación, respiración o paseos al aire libre, y muévete diariamente (caminar, fuerza y actividades aeróbicas suaves). Evita antibióticos innecesarios y, cuando sean necesarios, prioriza una dieta rica en fibra y, si procede, probióticos de respaldo bajo indicación profesional. Evalúa de nuevo con una prueba a los 2–3 meses para medir trayectoria. Si tu primer paso es obtener información de partida, un test del microbioma en casa con recomendaciones puede ayudarte a seleccionar fibras, fermentados y polifenoles adecuados para tus objetivos y tolerancias.
8. Consideraciones éticas y de privacidad en las pruebas de microbioma
La información derivada de tu microbioma es sensible y personal. Antes de comprar un test, revisa cómo la empresa gestiona tus datos: políticas de privacidad claras, opciones para anonimizar, control de acceso y posibilidad de borrar tus datos a solicitud. Asegura que no comparten información con terceros sin tu consentimiento explícito. Evalúa la transparencia científica: metodologías publicadas, controles de calidad, limitaciones explicadas y ausencia de promesas exageradas. Busca proveedores que ofrezcan reportes comprensibles, recomendaciones basadas en evidencia y soporte profesional cuando se requiera; huye de interpretaciones místicas o deterministas. Verifica la logística: kits estandarizados, cadena de custodia clara y tiempos de respuesta razonables. El precio debe reflejar el valor entregado: profundidad del análisis, claridad del informe y asesoramiento. Una decisión ética también considera el impacto ambiental: materiales reciclables, envíos responsables y guías digitales cuando sea posible. Elegir un proveedor confiable no solo protege tu privacidad; también mejora la calidad de las decisiones que tomarás con tus resultados.
9. Casos de éxito y testimonios
Cada microbioma cuenta una historia. Personas con hinchazón crónica y cansancio encontraron alivio al sustituir desayunos azucarados por avena con semillas y frutas, y al añadir legumbres progresivamente; los resultados posteriores mostraron aumento de productores de butirato y mejor diversidad. En otro caso, un deportista con altibajos digestivos redujo ultraprocesados y añadió patata enfriada, kéfir y verduras de hoja; su test de seguimiento reflejó más estabilidad en géneros fermentadores y menos síntomas en tiradas largas. Pacientes con SII manejaron mejor sus detonantes al mapear su microbioma, identificar baja tolerancia inicial a ciertos prebióticos y avanzar con incrementos mínimos hasta alcanzar dosis efectivas. En individuos con historial de antibióticos, priorizar fibra y fermentados, junto con sueño regular, favoreció la recuperación de especies clave. Las historias exitosas comparten tres rasgos: medición, ajustes graduales y paciencia. El test aporta el mapa; la constancia en los hábitos construye el territorio.
Conclusión
Proteger tu microbioma empieza por conocer qué lo daña y qué lo fortalece. Azúcares añadidos, ultraprocesados, grasas trans, alcohol en exceso y algunos aditivos son “malos actores” cuando desplazan a la fibra, los polifenoles y los alimentos integrales. Una prueba del microbioma convierte la curiosidad en estrategia al darte un punto de partida y una brújula para personalizar cambios reales. Prepararte bien para el test, interpretar sus resultados con criterio y sostener hábitos inteligentes —más plantas, fermentados, sueño, manejo del estrés y movimiento— establece las bases de un intestino resiliente, con beneficios que trascienden la digestión y se reflejan en energía, inmunidad y bienestar general. Si aún no has explorado tu ecosistema intestinal, dar el paso con un proveedor confiable puede ser el comienzo de una relación a largo plazo con tu salud.
Llamado a la acción
Consulta con un profesional si tienes síntomas persistentes o condiciones digestivas. Investiga opciones de análisis y elige proveedores que combinen calidad técnica, claridad y respeto por tu privacidad. Considera iniciar con una prueba del microbioma intestinal y planifica una reevaluación tras implementar cambios durante 8–12 semanas. Empieza hoy a cuidar tu microbioma: pequeños pasos, grandes resultados.
Key Takeaways
- La dieta moderna rica en ultraprocesados reduce la diversidad del microbioma.
- Azúcar, grasas trans, alcohol excesivo y ciertos aditivos favorecen disbiosis.
- Más fibra, polifenoles y fermentados nutren bacterias beneficiosas y AGCC.
- Las pruebas del microbioma orientan cambios personalizados basados en datos.
- Preparación adecuada: evitar antibióticos recientes y cambios drásticos previos.
- Interpretar con contexto: diversidad, grupos funcionales y síntomas.
- Hábitos clave: sueño, manejo del estrés, movimiento regular.
- Privacidad y ética: elige proveedores transparentes y confiables.
Preguntas y respuestas
1) ¿Qué alimentos dañan más el microbioma?
La combinación de ultraprocesados, azúcares añadidos, grasas trans y alcohol en exceso perjudica la diversidad microbiana y favorece la inflamación. Además, el consumo habitual de emulsionantes y ciertos edulcorantes puede afectar a personas sensibles. El patrón global y la carencia de fibra agravan el problema.
2) ¿Debo eliminar por completo los edulcorantes?
No necesariamente. Algunos edulcorantes tienen efectos variables según la persona y el contexto dietético. Prioriza reducir azúcares añadidos, usa edulcorantes con moderación y observa tu tolerancia; consulta si tienes alteraciones glucémicas o síntomas digestivos.
3) ¿Cómo ayudan los alimentos fermentados?
Aportan microorganismos vivos y metabolitos bioactivos que pueden aumentar la diversidad y modular la inflamación. Incluir raciones pequeñas diarias de yogur natural, kéfir, chucrut o kimchi puede apoyar la resiliencia intestinal, siempre según tolerancia personal.
Conviértete en miembro de la comunidad InnerBuddies
Realice una prueba de microbioma intestinal cada dos meses y observe su progreso mientras sigue nuestras recomendaciones
4) ¿Qué papel tiene la fibra?
La fibra alimenta bacterias beneficiosas que producen ácidos grasos de cadena corta, clave para la barrera intestinal y la regulación inmune. Aumenta gradualmente la fibra soluble y el almidón resistente para maximizar beneficios con mínima incomodidad.
5) ¿Sirve un test del microbioma para diagnosticar enfermedades?
No. Los tests describen composición y potencial funcional, pero no son herramientas diagnósticas. Pueden señalar desequilibrios que merecen evaluación clínica si hay síntomas.
6) ¿Cada cuánto repetir una prueba?
Tras implementar cambios dietéticos y de estilo de vida, repetir a las 8–12 semanas permite evaluar tendencias. Posteriormente, puedes espaciar a 6–12 meses para seguimiento, según objetivos y síntomas.
7) ¿Cómo me preparo para una prueba fiable?
Mantén tu dieta habitual, evita excesos de alcohol y no realices cambios drásticos las dos semanas previas. Si tomaste antibióticos, espera varias semanas cuando sea seguro; sigue exactamente las instrucciones del kit.
8) ¿Qué hago si mi diversidad es baja?
Incrementa diversidad vegetal, incorpora fermentados, ajusta fibra y prebióticos gradualmente y cuida sueño y estrés. Repite el test para verificar mejoras objetivas.
9) ¿Los probióticos son imprescindibles?
No siempre. Pueden ser útiles en casos específicos, pero una dieta rica en fibra y fermentados a menudo produce mejoras significativas. Consulta para una selección basada en tu perfil y síntomas.
10) ¿Puedo beber alcohol si cuido mi microbioma?
La moderación es clave. El consumo excesivo reduce diversidad y daña la mucosa; prioriza días sin alcohol, hidrátate y evita combinarlos con ultraprocesados.
11) ¿Cómo interpretar bacterias “malas” en mi informe?
Su presencia aislada no indica enfermedad. Observa proporciones, contexto y síntomas; usa el informe como guía para ajustes dietéticos y, si procede, consulta a profesionales.
12) ¿Qué proveedor de prueba elegir?
Busca transparencia metodológica, buenas prácticas de privacidad y reportes útiles. Un test del microbioma con recomendaciones claras y soporte profesional facilita convertir datos en acciones.
Important Keywords
bad foods for microbiome, microbioma intestinal, prueba del microbioma, test del microbioma en casa, kit de microbioma, alimentos ultraprocesados, azúcares añadidos, grasas trans, edulcorantes, emulsionantes, fibra dietética, prebióticos, probióticos, alimentos fermentados, ácidos grasos de cadena corta, butirato, diversidad microbiana, disbiosis, permeabilidad intestinal, salud digestiva, eje intestino-cerebro, inflamación, polifenoles, SII, personalización nutricional, privacidad de datos, InnerBuddies, recomendaciones dietéticas, hábitos saludables, investigación del microbioma