Los dos principales desencadenantes de la enfermedad inflamatoria intestinal (EII)
Este artículo explica cuáles son los dos principales desencadenantes de la enfermedad inflamatoria intestinal (EII), por qué importan y cómo reconocerlos en la práctica. Aprenderás cómo los factores ambientales y de estilo de vida, junto con las alteraciones del microbioma intestinal, interaccionan para iniciar o empeorar la inflamación. También verás por qué los síntomas por sí solos no revelan la causa raíz y cómo la evaluación del microbioma puede aportar información personalizada para comprender y gestionar mejor tus desencadenantes de la EII.
Introducción
La enfermedad inflamatoria intestinal (EII), que incluye la enfermedad de Crohn y la colitis ulcerosa, es un grupo de trastornos crónicos caracterizados por la inflamación del tracto gastrointestinal. Su impacto va desde molestias diarias hasta alteraciones significativas en la calidad de vida. Comprender los desencadenantes de la EII es esencial para reducir brotes, tomar decisiones informadas y mejorar el bienestar digestivo. Este análisis explora los dos principales desencadenantes: factores ambientales y de estilo de vida, y alteraciones en el microbioma intestinal. Además, profundiza en cómo se relacionan con la inmunidad, por qué los síntomas no siempre cuentan toda la historia y cuándo una evaluación del microbioma puede ofrecer información útil y personalizada.
1. ¿Qué son los desencadenantes de la EII y por qué son importantes?
1.1. Definición de desencadenantes de la EII
Los desencadenantes de la EII son factores o condiciones que pueden iniciar, amplificar o prolongar la inflamación intestinal. No son “la causa única” de la enfermedad, pero sí moduladores que influyen en la actividad inflamatoria y la aparición de síntomas como dolor abdominal, diarrea, urgencia fecal o fatiga. Al reconocerlos, las personas con EII pueden reducir exposiciones innecesarias, personalizar su cuidado y colaborar con su equipo médico de forma más efectiva.
1.2. La naturaleza multifactorial y compleja de la enfermedad
La EII es multifactorial: combina predisposición genética, respuesta inmunitaria desregulada, gut environment (ambiente intestinal) y factores externos. Ningún elemento aislado explica por sí mismo el curso de la enfermedad; en cambio, existe un “cóctel” de influencias que interactúan. Por eso, identificar desencadenantes es un proceso individual y dinámico: lo que agrava los síntomas en una persona puede no afectar a otra.
1.3. Cómo los desencadenantes afectan la inflamación y los síntomas digestivos
Los desencadenantes actúan sobre rutas biológicas que incluyen la permeabilidad intestinal (“intestino permeable” o disrupción de la barrera epitelial), la activación de células inmunitarias (p. ej., macrófagos, linfocitos T) y el equilibrio entre bacterias comensales y potencialmente patógenas. Cuando estas rutas se alteran, se incrementa la producción de citoquinas inflamatorias (por ejemplo, TNF-α, IL-6), se activa la inmunidad innata y adaptativa, y aparecen los síntomas digestivos característicos de la EII.
2. Los dos principales desencadenantes de la EII: comprensión profunda
2.1. Factores ambientales y estilo de vida
Los factores ambientales abarcan aquello a lo que estamos expuestos en el día a día y que puede modular la inflamación gastrointestinal: lo que comemos, el estrés, el sueño, el tabaquismo, la actividad física, los viajes, las infecciones y el uso de fármacos. Estos elementos influyen en la barrera intestinal, la secreción de moco, la motilidad, la composición del microbioma y, en última instancia, en la respuesta inmunitaria de la mucosa.
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2.1.1. Dieta y alimentación
La dieta es un modulador central de la inflamación. Patrones con alta densidad de ultraprocesados, emulsionantes, aditivos, grasas trans y azúcares simples se han asociado con mayor riesgo de gut inflammation causes (causas de inflamación intestinal) y brotes en personas susceptibles. Por el contrario, dietas ricas en fibra fermentable (según tolerancia), polifenoles, grasas saludables (p. ej., omega-3) y alimentos mínimamente procesados favorecen metabolitos antiinflamatorios como los ácidos grasos de cadena corta (butirato), clave para mantener la integridad de la barrera epitelial.
No todas las fibras ni alimentos se toleran igual en la EII, especialmente durante brotes activos. Algunas personas responden mejor a planes escalonados o temporalmente restrictivos supervisados por profesionales (p. ej., baja en FODMAPs), reintroduciendo alimentos estratégicamente para identificar sensibilidades individuales sin comprometer la diversidad nutricional a largo plazo.
2.1.2. Estrés y factores psicosociales
El eje intestino-cerebro conecta el sistema nervioso central con la función gastrointestinal a través de señales neuroendocrinas, inmunitarias y microbianas. El estrés psicológico puede influir en la permeabilidad de la mucosa, la motilidad y el dolor visceral. En personas con EII, el estrés y las alteraciones del sueño pueden asociarse con stress and IBD flare-ups (exacerbaciones de EII vinculadas al estrés). Estrategias como terapia cognitivo-conductual, técnicas de respiración, ejercicio regular y una buena higiene del sueño pueden ayudar a modular respuestas fisiológicas relacionadas con la inflamación.
2.1.3. Uso de medicamentos y antibióticos
Algunos fármacos pueden alterar la mucosa o el microbioma. Por ejemplo, cursos repetidos de antibióticos pueden reducir bacterias beneficiosas y favorecer la colonización por especies oportunistas. Ciertos antiinflamatorios no esteroideos (AINEs) pueden aumentar la permeabilidad intestinal en individuos susceptibles. Esto no significa evitar tratamientos necesarios, sino sopesar riesgos y beneficios junto a profesionales sanitarios, ajustando medidas de soporte intestinal cuando corresponde.
2.2. Alteraciones en la microbiome intestinal
El segundo desencadenante principal es la disbiosis: cambios cualitativos o cuantitativos en las comunidades microbianas intestinales. El microbioma influye en la maduración inmunitaria, la producción de metabolitos (por ejemplo, butirato, propionato, lactato), la defensa contra patógenos y la integridad de la barrera mucosa. Alteraciones persistentes pueden activar vías inflamatorias o dificultar su resolución.
2.2.1. Desequilibrio de bacterias benignas y dañinas
La EII suele acompañarse de menor diversidad microbiana y reducción de bacterias productoras de butirato (p. ej., Faecalibacterium prausnitzii) junto con aumento de bacterias proinflamatorias u oportunistas (algunas cepas de Escherichia coli adherentes-invasivas). Este desbalance bacteriano puede afectar la capa de moco y la función de las uniones estrechas, facilitando el contacto directo de microbios y antígenos con el sistema inmunitario de la mucosa.
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2.2.2. Cómo la microbiome puede activar o exacerbar la inflamación
Las bacterias y sus metabolitos interactúan con receptores tipo Toll (TLRs) y NOD en células epiteliales y del sistema inmune. Cuando predomina una señal proinflamatoria (p. ej., lipopolisacáridos en exceso o reducción de butirato), se activan cascadas de NF-κB y citoquinas, amplificando la respuesta. A la vez, una microbiota pobre en diversidad reduce la resiliencia frente a perturbaciones (antibióticos, dieta, estrés), facilitando recaídas.
2.2.3. Interacción entre microbiome y respuesta inmunitaria
El equilibrio Treg/Th17, la función de células dendríticas y la producción de IgA dependen en parte de señales microbianas. Un microbioma eubiótico tiende a favorecer respuestas reguladoras, mientras que la disbiosis inclina la balanza hacia respuestas proinflamatorias. En la EII, esta relación bidireccional se retroalimenta: la inflamación modifica el entorno intestinal, lo que a su vez perpetúa cambios del microbioma.
3. ¿Por qué este tema importa para la salud intestinal?
3.1. Impacto en la calidad de vida y bienestar
La EII afecta la vida diaria: desde decisiones alimentarias y sociales hasta el rendimiento laboral y el estado de ánimo. Entender los desencadenantes reduce la incertidumbre y permite diseñar rutinas más predecibles, con menos brotes y mayor control de síntomas.
3.2. Riesgos de autodiagnóstico basado solo en síntomas
Los síntomas digestivos pueden solaparse con otros trastornos (SII, infecciones, intolerancias alimentarias). Guiarse únicamente por sensaciones puede llevar a eliminaciones dietéticas innecesarias, retrasar atención médica o adoptar estrategias ineficaces. Una evaluación clínica adecuada es clave para descartar complicaciones y orientar manejos basados en evidencia.
3.3. La importancia de identificar desencadenantes específicos para una gestión efectiva
La personalización es esencial. Dos personas con EII pueden tener perfiles de desencadenantes muy diferentes. Identificar qué factores ambientales te afectan y cómo está tu microbioma ayuda a diseñar intervenciones más precisas, sostenibles y alineadas con tus objetivos de salud.
4. Señales, síntomas y posibles implicaciones de la inflamación intestinal
4.1. Síntomas comunes asociados a la EII y sus desencadenantes
Los síntomas varían en intensidad y patrón. Algunos se asocian a picos inflamatorios; otros, a alteraciones de motilidad o disbiosis.
4.1.1. Dolor abdominal y crampings
El dolor visceral puede reflejar inflamación activa, hipersensibilidad o espasmos. Cambios dietéticos, estrés y disbiosis pueden amplificar la sensibilidad nociceptiva y la respuesta inflamatoria local.
4.1.2. Diarrea y cambios en las deposiciones
La diarrea puede deberse a inflamación del colon, mala absorción de ácidos biliares, infección concomitante o intolerancias. Dietas ricas en ciertos azúcares fermentables o grasas pueden agravarla en individuos sensibles. La disbiosis también altera la fermentación y la producción de metabolitos osmóticamente activos.
4.1.3. Fatiga y malestar general
La inflamación sistémica, la anemia, el déficit de micronutrientes y la alteración del sueño contribuyen a la fatiga. Brotes repetidos y el estrés sostenido pueden empeorar el cansancio, creando un círculo difícil de romper sin un plan integral.
4.2. Signos de alarma que requieren atención médica y evaluación especializada
- Pérdida de peso involuntaria, fiebre persistente o sangrado rectal notable
- Dolor abdominal severo y continuo o signos de deshidratación
- Síntomas nocturnos frecuentes o empeoramiento rápido
- Señales de obstrucción, abscesos o fístulas
Estos signos ameritan evaluación clínica urgente para descartar complicaciones y ajustar el tratamiento.
4.3. La relación entre síntomas y la posible causa raíz
Un mismo síntoma puede tener mecanismos diversos. Por ejemplo, la diarrea puede ser inflamatoria, osmótica, secretora o por malabsorción de ácidos biliares. Por eso, los síntomas por sí solos no determinan el desencadenante principal; se requiere contexto clínico y, en ocasiones, pruebas complementarias, incluida la evaluación del microbioma.
5. La variabilidad individual y la incertidumbre en la identificación de desencadenantes
5.1. Diversidad en respuestas a diferentes factores
La respuesta a los alimentos, el estrés o los fármacos varía según genética, historia clínica, microbioma, estado inflamatorio y exposiciones previas. Lo que resulta neutro para algunos puede desencadenar síntomas en otros.
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Las diferencias en composición microbiana, permeabilidad intestinal y sensibilización inmunitaria condicionan respuestas únicas. Por ejemplo, una persona puede ser especialmente sensible a emulsionantes, mientras otra reacciona ante cambios de sueño o a un antibiótico específico. Esta heterogeneidad explica por qué las estrategias “universalmente válidas” suelen fallar.
5.3. Limitaciones de la autoevaluación y la comparación con otros
Los diarios de síntomas y comida ayudan, pero tienen sesgos y no capturan los mecanismos biológicos subyacentes. Compararse con otras personas puede llevar a conclusiones erróneas. La evaluación individual, idealmente con apoyo profesional, ofrece una aproximación más fiable.
6. ¿Por qué los síntomas por sí solos no revelan la causa subyacente?
6.1. La complejidad de la inflamación y su desencadenamiento
La inflamación en la EII emerge de múltiples rutas superpuestas: barrera epitelial, microbioma, inmunidad innata/adaptativa y factores neuroendocrinos. Un mismo cuadro clínico puede resultar de mecanismos distintos, por lo que las intervenciones requieren información más allá de la sintomatología.
6.2. La necesidad de entender el microbioma para un diagnóstico más preciso
Explorar el microbioma aporta pistas sobre la presencia de disbiosis, pérdida de diversidad, reducción de productores de butirato y sobrecrecimiento de ciertas familias bacterianas. Esta información no sustituye la evaluación médica, pero añade contexto biológico que puede orientar decisiones dietéticas y de estilo de vida de forma más personalizada.
6.3. Ejemplos de casos en que los síntomas pueden ser engañosos
- Diarrea postantibiótica: puede parecer un brote, pero ser consecuencia de disbiosis transitoria.
- Dolor y gases tras ciertos vegetales: puede ser fermentación saludable en remisión o señal de intolerancia temporal; sin información del microbioma, es difícil diferenciar.
- Fatiga persistente: podría relacionarse con inflamación activa, anemia o disbiosis con déficit de metabolitos antiinflamatorios; los síntomas no indican cuál.
7. El rol del microbioma intestinal en los desencadenantes de la EII
7.1. Introducción al microbioma y su importancia en salud digestiva
El microbioma intestinal es un ecosistema complejo de bacterias, arqueas, virus y hongos que participa en la digestión, la producción de vitaminas, la regulación inmunitaria y la protección de la mucosa. Su equilibrio es clave para evitar respuestas inflamatorias desproporcionadas.
7.2. Cómo las alteraciones en el microbioma pueden activar desencadenantes
7.2.1. Desequilibrio bacteriano y su impacto en la inflamación
Un descenso en bacterias productoras de butirato reduce la energía disponible para los colonocitos y afecta las uniones estrechas, aumentando la permeabilidad. El aumento de bacterias oportunistas puede estimular continuamente el sistema inmunitario, favoreciendo inflamación crónica.
7.2.2. Microbiome y respuesta inmunitaria desregulada
La señalización a través de TLRs y receptores de NOD modula el equilibrio entre tolerancia y activación. Disbiosis sostenida puede sesgar al sistema hacia vías proinflamatorias (Th1/Th17), contribuyendo a brotes y dificultando la remisión.
7.3. La microbiome como módulo clave en la aparición y exacerbación de la EII
La microbiota es un nodo integrador: traduce señales dietéticas, del estrés y de fármacos en metabolitos y patrones de señalización inmunitaria. Por ello, las alteraciones microbianas no solo acompañan la EII; pueden actuar como uno de los dos grandes IBD triggers (desencadenantes de la EII), en interacción estrecha con el entorno y el estilo de vida.
8. Cómo el análisis del microbioma puede ofrecer insights valiosos
8.1. ¿Qué revela un test de microbioma?
Las pruebas de microbioma orientadas al intestino proporcionan un perfil de la comunidad bacteriana a nivel de géneros y, a veces, de especies. Aunque no sustituyen la evaluación clínica, ayudan a comprender desequilibrios que podrían estar contribuyendo a los síntomas o al riesgo de brotes.
8.1.1. Perfil de bacterias beneficiosas y dañinas
Un informe puede describir la abundancia relativa de grupos productores de butirato, bacterias fermentadoras de fibra, u organismos oportunistas potencialmente proinflamatorios. Estos datos ayudan a contextualizar por qué ciertos alimentos sientan bien o mal y cómo ajustar la dieta.
8.1.2. Identificación de disbiosis específicas relacionadas con la EII
Algunas firmas de disbiosis, como baja diversidad o exceso de determinadas Enterobacteriaceae, se han vinculado a mayor actividad inflamatoria. Detectarlas no diagnostica por sí solo un brote, pero puede señalar rutas a explorar con el equipo sanitario.
8.1.3. Potencial de personalización en tratamientos y cambios en el estilo de vida
Con información del microbioma, es posible priorizar estrategias: aumentar la ingesta de fibra fermentable según tolerancia, introducir alimentos ricos en polifenoles, modular grasas dietéticas, o ajustar el momento de las comidas y el manejo del estrés. La personalización es especialmente útil ante respuestas heterogéneas a recomendaciones generales.
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8.2. Beneficios de conocer la microbiome personal para gestionar desencadenantes
Conocer tu microbioma ayuda a pasar de conjeturas a decisiones informadas. En vez de eliminar amplias categorías de alimentos o culpar únicamente al estrés, puedes identificar desequilibrios concretos y trabajar en microobjetivos realistas. Si te interesa una evaluación estructurada, puedes explorar opciones de prueba del microbioma intestinal que proporcionan una instantánea de tu ecosistema intestinal y orientan ajustes personalizados.
9. ¿Quién debe considerar realizar pruebas de microbioma?
9.1. Personas con síntomas persistentes o episodios recurrentes
Si experimentas diarrea intermitente, dolor abdominal, urgencia o distensión que no logras relacionar con factores específicos, un perfil del microbioma puede ayudar a distinguir entre disbiosis y otros mecanismos.
9.2. Individuos en riesgo o con antecedentes familiares de EII
Aunque el microbioma por sí solo no predice la EII, identificar patrones de desequilibrio puede motivar cambios tempranos en el estilo de vida que favorezcan un entorno intestinal más resiliente.
9.3. Aquellos que buscan entender mejor su salud digestiva y reducir desencadenantes potenciales
Si tu objetivo es afinar la dieta sin caer en restricciones innecesarias, o ajustar rutinas de sueño y manejo del estrés con base biológica, el análisis del microbioma puede ser una herramienta educativa valiosa.
9.4. Cuando la evaluación microbiome puede guiar decisiones clínicas y cambios en el estilo de vida
En coordinación con profesionales, los resultados pueden apoyar decisiones sobre pautas nutricionales, ritmo de reintroducción de alimentos y estrategias complementarias para mantener la remisión. Para conocer qué puede incluir y cómo se interpreta, revisa esta evaluación de microbioma orientada a salud intestinal.
10. ¿Cuándo y por qué tiene sentido realizar pruebas de microbioma?
10.1. En casos de síntomas inexplicables o persistentes
Si llevas un diario alimentario y no logras identificar patrones, o si los síntomas persisten pese a cambios razonables, el microbioma podría estar aportando información clave no evidente a simple vista.
10.2. Antes de iniciar o modificar tratamientos médicos o dietéticos
Un punto de partida microbiológico sirve como referencia para evaluar la respuesta a nuevas estrategias. No reemplaza criterios médicos, pero añade una capa de personalización útil.
10.3. Como herramienta para monitorear posibles cambios en la microbiome y prevenir brotes
Repetir evaluaciones a intervalos razonables puede mostrar tendencias (aumento de diversidad, recuperación de productores de butirato) que acompañen mejoras clínicas y ayuden a prevenir recaídas.
10.4. La importancia de una evaluación basada en evidencia y asesoría profesional
Interpretar el microbioma requiere contexto: síntomas, analíticas, endoscopia y antecedentes. Trabajar con profesionales garantiza decisiones seguras, evitando conclusiones precipitadas o intervenciones no indicadas.
Conclusión
Los dos principales desencadenantes de la EII son los factores ambientales y de estilo de vida, y las alteraciones del microbioma intestinal. Ambos interactúan para modular la inflamación a través de cambios en la barrera mucosa, la señalización inmunitaria y el equilibrio microbiano. Dado que los síntomas por sí solos no revelan la causa raíz, comprender tu perfil individual —incluido el estado de tu microbioma— puede guiar intervenciones más personalizadas y realistas. La evaluación del microbioma, integrada a una atención médica adecuada, es una herramienta educativa que ayuda a identificar desequilibrios y a priorizar cambios con mayor probabilidad de beneficio.
Ideas clave para llevarte
- La EII es multifactorial: no existe un único culpable, sino interacciones entre genética, ambiente, inmunidad y microbioma.
- Los dos desencadenantes principales son el entorno/estilo de vida y las alteraciones del microbioma intestinal.
- La dieta, el estrés, el sueño y ciertos fármacos pueden modular la inflamación y el riesgo de brotes.
- La disbiosis (baja diversidad, pérdida de productores de butirato, aumento de oportunistas) favorece respuestas inflamatorias.
- Los síntomas no siempre indican la causa raíz; diferentes mecanismos pueden generar cuadros similares.
- Entender tu microbioma aporta datos objetivos para personalizar dieta y hábitos sin caer en restricciones excesivas.
- La evaluación del microbioma es educativa: no diagnostica por sí sola, pero complementa la valoración clínica.
- La variabilidad individual exige planes flexibles, revisados y ajustados con profesionales sanitarios.
- Monitorear cambios del microbioma puede ayudar a prevenir brotes y consolidar la remisión.
- Las decisiones informadas mejoran la calidad de vida y facilitan el manejo sostenible de la EII.
Preguntas y respuestas frecuentes
1) ¿Cuáles son los dos principales desencadenantes de la EII?
Los factores ambientales y de estilo de vida, y las alteraciones del microbioma intestinal. Ambos actúan en conjunto para iniciar o exacerbar la inflamación en personas susceptibles.
2) ¿La dieta puede por sí sola causar EII?
No se considera una causa única, pero puede modular el riesgo y la actividad inflamatoria. En individuos predispuestos, ciertos patrones dietéticos pueden favorecer brotes o dificultar la remisión.
Autoevaluación en 2 minutos ¿Es útil para ti un test del microbioma intestinal? Responde a unas pocas preguntas rápidas y descubre si un test del microbioma es realmente útil para ti. ✔ Solo toma 2 minutos ✔ Basado en tus síntomas y estilo de vida ✔ Recomendación clara sí/no Comprobar si el test es adecuado para mí →3) ¿Cómo influye el estrés en los brotes de EII?
El estrés afecta el eje intestino-cerebro, la permeabilidad intestinal y la señalización inmunitaria. En algunas personas, el estrés se asocia a exacerbaciones y empeora la percepción de los síntomas.
4) ¿Qué es la disbiosis y por qué importa en la EII?
Es un desequilibrio del microbioma, con pérdida de diversidad y cambios en bacterias clave. Puede intensificar respuestas inflamatorias y afectar la integridad de la barrera intestinal.
5) ¿Los antibióticos siempre empeoran la EII?
No siempre, y a veces son necesarios. Sin embargo, su uso repetido puede alterar el microbioma; es importante valorar riesgos y beneficios con el equipo médico.
6) ¿Los síntomas bastan para identificar mis desencadenantes?
Generalmente no. Los síntomas pueden ser similares en mecanismos distintos; requieren contexto clínico y, en ocasiones, pruebas complementarias como la evaluación del microbioma.
7) ¿Qué puedo aprender de una prueba de microbioma?
Información sobre diversidad, presencia de productores de butirato, y posibles sobrecrecimientos oportunistas. Estos datos ayudan a orientar ajustes dietéticos y de hábitos.
8) ¿Una prueba de microbioma sustituye a la colonoscopia u otras pruebas médicas?
No. Es complementaria y educativa; no reemplaza procedimientos diagnósticos indicados clínicamente.
9) ¿Quién se beneficia más de conocer su microbioma?
Personas con síntomas persistentes, antecedentes familiares de EII, o quienes desean personalizar su dieta y hábitos con base biológica. También quienes no encuentran relación clara entre síntomas y factores ambientales.
10) ¿Cada cuánto conviene repetir la evaluación del microbioma?
Depende de objetivos y cambios implementados. En general, intervalos de varios meses pueden mostrar tendencias útiles sin generar ruido por fluctuaciones normales.
11) ¿Qué papel tienen los prebióticos y probióticos en la EII?
Pueden ser útiles en casos seleccionados, pero su efecto es variable y depende del contexto individual. La guía profesional es recomendable para elegir cepas y dosis, y evitar expectativas no realistas.
12) ¿Puedo identificar desencadenantes sin pruebas?
Un diario de síntomas y alimentación ayuda a detectar patrones. Aun así, las pruebas del microbioma añaden datos objetivos que pueden acelerar el proceso de personalización.
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