Síndrome del intestino irritable en niños: síntomas y pruebas
El síndrome del intestino irritable en niños, conocido como IBS por sus siglas en inglés o SII en español, es un trastorno de la interacción intestino-cerebro que puede producir dolor abdominal recurrente y cambios en las deposiciones. No existe una prueba única que lo confirme. El pediatra evalúa los síntomas, el crecimiento y la exploración física, y solicita pruebas solo cuando son necesarias para descartar otras causas.
Esta guía explica qué significa IBS, cómo puede sentirse un niño, qué suele incluir el diagnóstico, qué alimentos pueden tolerarse mejor y cuándo conviene buscar atención médica.
¿Qué significa IBS en inglés y en español?
IBS son las siglas de Irritable Bowel Syndrome, que en español significa síndrome del intestino irritable o SII. En el lenguaje cotidiano, IBS y SII se refieren al mismo trastorno.
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Se considera un trastorno funcional porque los síntomas se relacionan con la forma en que el intestino y el sistema nervioso se comunican y funcionan. Esto no significa que el dolor sea imaginario. Significa que puede existir sensibilidad intestinal o una alteración del movimiento intestinal sin que se observe una lesión estructural que explique las molestias. El estrés, las infecciones previas, los hábitos intestinales y otros factores pueden influir en cada niño de manera diferente.
¿Cómo se siente un niño con IBS?
Los síntomas pueden aparecer por temporadas y variar en intensidad. Un niño puede presentar:
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- Dolor o molestia abdominal, a menudo alrededor del ombligo o en la parte baja del abdomen. En algunos casos cambia después de defecar.
- Hinchazón y gases, con sensación de presión o vientre distendido.
- Diarrea, estreñimiento o alternancia entre ambos, con cambios en la frecuencia o la consistencia de las heces.
- Náuseas o menor apetito, aunque estos síntomas no aparecen en todos los niños.
- Interferencia con la vida diaria, como faltar al colegio, evitar actividades o preocuparse por encontrar un baño.
Estos síntomas no son exclusivos del IBS. Por eso, su presencia no permite hacer un diagnóstico por cuenta propia.
Síntomas del IBS en niños que deben evaluarse
El dolor abdominal recurrente asociado a cambios en las deposiciones es una combinación típica que merece una valoración pediátrica, sobre todo si persiste o afecta al día a día. El profesional también tendrá en cuenta el crecimiento, la alimentación, los antecedentes familiares, las infecciones recientes y la relación de los síntomas con las comidas, el sueño o situaciones de estrés.
En los criterios pediátricos de Roma IV, el IBS suele implicar dolor abdominal al menos cuatro días al mes durante un periodo mínimo de dos meses, asociado a la defecación o a cambios en la frecuencia o la forma de las heces. Los criterios ayudan a orientar la evaluación, pero el médico decide qué estudios son apropiados según la historia clínica de cada niño.
¿Cómo se diagnostica el IBS en niños?
El diagnóstico del IBS en niños es principalmente clínico. Habitualmente incluye estos pasos:
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- Registro de varios días: puede ser útil anotar dolor, deposiciones, comidas y situaciones relevantes, sin convertir el registro en una fuente de ansiedad.
- Exploración física: el pediatra revisa el abdomen, el estado general, la hidratación y el crecimiento.
- Valoración de señales de alarma: se comprueba si hay datos que sugieran celiaquía, enfermedad inflamatoria intestinal, infección u otra causa.
- Pruebas dirigidas: según el caso, pueden considerarse análisis de sangre, pruebas para enfermedad celíaca, estudios de heces u otras pruebas. No todos los niños necesitan todas ellas.
Una analítica normal puede ser compatible con IBS, pero no basta por sí sola para establecerlo. Del mismo modo, no se recomienda realizar pruebas innecesarias sin una razón clínica.
IBS, estreñimiento y otras causas de dolor abdominal
El estreñimiento funcional, la intolerancia a ciertos alimentos, la enfermedad celíaca, las infecciones y otras afecciones pueden causar síntomas parecidos. El IBS tampoco es lo mismo que la enfermedad inflamatoria intestinal, que incluye trastornos como la enfermedad de Crohn y la colitis ulcerosa. Solo un profesional puede valorar estas posibilidades y decidir si hace falta derivar a gastroenterología infantil.
¿Qué comer cuando un niño tiene IBS?
No existe una dieta universal para el IBS y no conviene retirar muchos alimentos sin orientación, especialmente durante el crecimiento. Como medidas generales, la familia puede comentar con el pediatra o un dietista-nutricionista pediátrico lo siguiente:
- Mantener comidas regulares y una hidratación adecuada.
- Observar si determinados alimentos parecen relacionarse repetidamente con los síntomas, sin asumir que son la causa.
- Favorecer una alimentación variada y suficiente para la edad.
- Revisar el consumo de fibra y ajustarlo de forma gradual según predominen el estreñimiento o la diarrea.
- Evitar restricciones amplias, ayunos o cambios importantes sin supervisión.
Una dieta baja en FODMAP puede considerarse en algunos casos, pero debe planificarse y supervisarse por un profesional con experiencia en niños. Es una intervención temporal y personalizada, no una recomendación general ni una prueba diagnóstica.
Cuándo consultar al pediatra con rapidez
Solicita valoración médica si el dolor es persistente, intenso, empeora o limita las actividades del niño. Busca atención sin demora ante cualquiera de estas señales:
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- Pérdida de peso, desaceleración del crecimiento o dificultad para mantener una alimentación adecuada.
- Sangre en las heces o heces negras.
- Fiebre persistente o un estado general claramente deteriorado.
- Dolor que despierta repetidamente al niño por la noche.
- Vómitos repetidos, vómitos verdes o signos de deshidratación.
- Dolor localizado e intenso, abdomen muy distendido o una evolución rápida de los síntomas.
¿Puede una prueba del microbioma diagnosticar el IBS?
No. Una prueba del microbioma intestinal describe algunos microorganismos presentes en una muestra, pero no diagnostica el IBS, la celiaquía ni otras enfermedades. La composición del microbioma puede variar por la alimentación, los medicamentos, la edad y otros factores, y todavía no existe un perfil único que confirme el síndrome del intestino irritable en un niño.
La información del microbioma puede tener un interés educativo o complementario en contextos concretos, pero debe interpretarse con cautela y nunca sustituir la evaluación pediátrica ni las pruebas indicadas por un profesional.
Preguntas frecuentes sobre el IBS en niños
¿Qué significa la IBS?
IBS significa Irritable Bowel Syndrome, es decir, síndrome del intestino irritable. En español también se utiliza la abreviatura SII.
¿Qué es IBS en inglés?
En inglés, IBS corresponde a Irritable Bowel Syndrome. Es el mismo trastorno que en español se denomina síndrome del intestino irritable.
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En niños, la alimentación debe adaptarse a los síntomas, la edad y las necesidades de crecimiento. Suelen ser razonables las comidas regulares, una hidratación adecuada y una dieta variada. Si se valora una dieta baja en FODMAP u otra exclusión, debe hacerse con supervisión profesional para reducir el riesgo de carencias.
¿El estrés puede empeorar los síntomas?
Sí, el estrés puede aumentar la sensibilidad intestinal y modificar el movimiento del intestino en algunas personas. Esto no significa que el IBS sea psicológico. El apoyo emocional, una rutina previsible y estrategias de relajación pueden complementar la atención médica.
¿A qué edad puede aparecer?
Puede aparecer durante la edad escolar o la adolescencia, aunque el momento y la forma de presentación varían. El diagnóstico debe adaptarse a la edad y al desarrollo del niño.
Conclusión
El IBS en niños puede causar dolor abdominal, hinchazón y cambios en las deposiciones, pero esos síntomas también pueden deberse a otras afecciones. La evaluación pediátrica permite orientar el diagnóstico y decidir si son necesarias pruebas. Una alimentación variada y ajustes supervisados pueden ayudar a manejar las molestias, mientras que una prueba del microbioma no sustituye el diagnóstico médico. Si los síntomas persisten, empeoran o incluyen señales de alarma, consulta con el pediatra o con un gastroenterólogo infantil.