How to improve gut microbiota? - InnerBuddies

Cómo mejorar la microbiota intestinal para una mejor salud

Descubre estrategias efectivas para mejorar tu microbiota intestinal de manera natural. Aprende consejos prácticos para apoyar la digestión, fortalecer la inmunidad y promover el bienestar general ¡hoy mismo!
Este artículo explica de forma clara por qué la gut microbiota es clave para tu salud y cómo las pruebas del microbioma intestinal pueden ayudarte a mejorarla. Responderemos qué es el microbioma, cómo funcionan los test basados en heces, qué detectan y cómo interpretar resultados para personalizar dieta, suplementos y estilo de vida. También revisamos evidencias sobre digestión, inmunidad y salud mental; cómo prepararte para una prueba; los límites de la ciencia actual; y casos prácticos. Encontrarás consejos accionables, mitos comunes aclarados, y orientación para integrar hallazgos en un plan de bienestar realista y sostenible. Relevante si buscas soluciones concretas para gases, hinchazón, irregularidad, fatiga, cambios de humor o sensibilidad a alimentos, y deseas un enfoque preventivo con soporte científico.
  • El microbioma intestinal influye en digestión, inmunidad, metabolismo y cerebro-intestino.
  • Las pruebas de heces analizan bacterias, hongos y funciones clave (pH, SCFA, etc.).
  • Resultados útiles: disbiosis, diversidad, dieta recomendada, posibles intolerancias.
  • La intervención personalizada supera enfoques genéricos: dieta, fibra, polifenoles, prebióticos.
  • Probióticos específicos funcionan mejor si hay objetivo y evidencia clínica.
  • Hábitos diarios (sueño, estrés, movimiento) también moldean la microbiota.
  • Evita antibióticos y ultraprocesados salvo necesidad; prioriza plantas variadas.
  • Repite el test para ver avances; mide síntomas y marcadores funcionales.

La microbiota intestinal —conjunto de microorganismos que habitan el tracto digestivo— desempeña funciones críticas en la descomposición de alimentos, la producción de metabolitos bioactivos y la educación del sistema inmunitario. Cuando hay equilibrio y diversidad, se favorecen la digestión eficiente, la integridad de la barrera intestinal y un eje intestino-cerebro más estable; cuando hay disbiosis, emergen síntomas gastrointestinales, impactos metabólicos y alteraciones del estado de ánimo. Las pruebas del microbioma intestinal basadas en análisis de heces han acercado la ciencia a la práctica diaria: permiten detectar desequilibrios y orientar intervenciones precisas en dieta, suplementos y hábitos. Este artículo reúne fundamentos científicos, pasos prácticos y herramientas interpretativas para que utilices la información de tu microbioma de forma responsable, respetando los límites actuales y maximizando los beneficios con un enfoque integral y personalizado. También conocerás cómo preparar adecuadamente la muestra y protecciones de privacidad.

¿Qué es el microbiota intestinal y por qué es fundamental para nuestra salud?

La microbiota intestinal es el ecosistema de bacterias, arqueas, virus y hongos que coloniza nuestro intestino. Aunque los términos microbiota (organismos) y microbioma (conjunto de genes y funciones de esos organismos) se usan a veces indistintamente, conviene distinguirlos: la microbiota describe quiénes están presentes; el microbioma refleja lo que pueden hacer. En conjunto, constituyen un “órgano” metabólico que participa en la digestión de fibras y almidones resistentes, sintetiza vitaminas (como K y algunas del complejo B), produce ácidos grasos de cadena corta (AGCC) —acetato, propionato y butirato— y modula la respuesta inmunitaria innata y adaptativa. Este metabolismo simbiótico ayuda a mantener la integridad de la barrera intestinal mediante la nutrición de los colonocitos con butirato, refuerza un moco protector y regula la permeabilidad. Cuando el equilibrio entre comunidades microbianas se altera —por antibióticos, dieta pobre en fibra, estrés crónico o infecciones— puede aparecer disbiosis, asociada a gases, hinchazón, estreñimiento o diarrea, pero también a manifestaciones extraintestinales como fatiga, niebla mental y mayor reactividad inflamatoria. El eje intestino-cerebro, mediado por el nervio vago, el sistema inmunitario y metabolitos microbianos, explica por qué cambios en el intestino repercuten en humor y cognición. Asimismo, la diversidad microbiana se correlaciona con resiliencia: cuantas más especies beneficiosas y rutas metabólicas saludables, más flexible es el sistema ante perturbaciones dietéticas o infecciosas. Por eso, cultivar la gut microbiota con dieta rica en plantas, polifenoles, fermentados y estilo de vida adecuado no es una moda, sino una estrategia preventiva basada en evidencia. Entender qué perfiles microbianos se asocian a salud o riesgo permite diseñar intervenciones específicas, como aumentar fibras prebióticas para promover productores de butirato o ajustar grasas y azúcares para evitar sobrecrecimiento de especies proinflamatorias. En síntesis, el microbioma es un mediador central entre lo que comemos, cómo vivimos y cómo nos sentimos; cuidarlo es invertir en digestión, inmunidad, metabolismo y bienestar mental.

Cómo funciona la prueba del microbioma intestinal

Las pruebas del microbioma intestinal emplean una muestra de heces para caracterizar la composición y potencial funcional de tus microorganismos. El procedimiento típico incluye un kit de recolección domiciliaria con instrucciones y solución conservante, lo que estabiliza el ADN/ARN microbiano para su análisis en el laboratorio. Luego se aplican tecnologías moleculares como la secuenciación del gen 16S rRNA —útil para perfilar bacterias a nivel de género y en algunos casos especie—, la metagenómica shotgun —que lee fragmentos de todo el material genético para identificar microbios a nivel especie y predecir rutas funcionales—, y a veces la metatranscriptómica, metabolómica o cuantificación de marcadores funcionales (pH, calprotectina, elastasa pancreática, AGCC). Un informe bien diseñado traduce esos datos a métricas comprensibles: diversidad alfa (riqueza dentro de tu muestra), beta (comparación con población), abundancias relativas de taxones clave (Bifidobacterium, Akkermansia, Faecalibacterium), puntuaciones de disbiosis, capacidad estimada para producir butirato, rutas de fermentación de carbohidratos, y presencia de oportunistas o patobiontes. La interpretación considera el contexto: síntomas, dieta, medicamentos (p. ej., inhibidores de bomba de protones, metformina, antibióticos), y estilo de vida. Aunque ningún test “diagnostica” enfermedades por sí solo, sí puede orientar decisiones prácticas: aumentar fibras específicas si faltan productores de butirato; usar polifenoles si existe exceso de especies que metabolizan bilis; o introducir fermentados si la diversidad es baja y la tolerancia lo permite. La repetición del test cada 8–16 semanas permite evaluar respuesta a cambios. Si buscas una herramienta práctica, considera un test del microbioma intestinal que ofrezca análisis accionables, claridad interpretativa y recomendaciones personalizadas, así como un circuito de privacidad robusto y soporte de profesionales.

Beneficios de realizar pruebas del microbioma

Realizar una prueba del microbioma ofrece beneficios tangibles al transformar señales difusas en datos accionables. Primero, permite detectar disbiosis: baja diversidad, exceso de oportunistas (p. ej., ciertas Enterobacteriaceae) o insuficiencia de productores de butirato (Faecalibacterium prausnitzii, Roseburia). Segundo, potencia la personalización: en lugar de “come más fibra” de forma genérica, el informe puede sugerir inulina, FOS, GOS o almidón resistente según tus carencias y tolerancia. Tercero, orienta el uso de probióticos con evidencia: no todos los probióticos son iguales; algunas cepas como Bifidobacterium longum 35624, Lactobacillus rhamnosus GG o Saccharomyces boulardii tienen ensayos para indicaciones concretas (síntomas de SII, diarrea asociada a antibióticos, permeabilidad), y su selección depende del patrón encontrado. Cuarto, aporta una base para medir mejoras en digestión (menor hinchazón, mejor consistencia fecal), energía (reducción de fatiga relacionada con inflamación de bajo grado) y estado de ánimo (vía eje intestino-cerebro). Quinto, mejora la educación alimentaria: las rutas funcionales y la capacidad fermentativa te enseñan por qué la variedad de plantas importa y cómo rotar polifenoles (bayas, cacao, té verde, hierbas) para nutrir consorcios diferentes. Sexto, apoya decisiones sobre medicamentos y tiempos: por ejemplo, espaciar un tratamiento antibiótico si no es urgente, y, si se indica, planificar cointervenciones (probióticos con evidencia, prebióticos tolerables) y recuperación posterior. Séptimo, ayuda a identificar posibles sensibilidades alimentarias mediadas por fermentación excesiva (p. ej., FODMAPs) y a diseñar una estrategia de reintroducción, siempre con la meta de ampliar la dieta. Finalmente, crea responsabilidad y adherencia: ver tu perfil en papel motiva cambios y facilita conversaciones con profesionales. Para una experiencia completa con recomendaciones y soporte, optar por una prueba del microbioma con guía nutricional puede acelerar resultados y evitar estrategias costosas o inefectivas.

¿Qué se puede aprender de una prueba del microbioma?

Un informe bien estructurado revela tanto “quién” habita tu intestino como “qué” es capaz de hacer. En el plano taxonómico, observa la presencia relativa de grupos asociados a salud (p. ej., Akkermansia muciniphila, Bifidobacterium adolescentis, Faecalibacterium prausnitzii) y de oportunistas/patobiontes cuya expansión, en contexto, puede correlacionarse con síntomas (p. ej., ciertas especies de Clostridioides, Escherichia, Klebsiella). En el plano funcional, analiza rutas como la producción de AGCC, metabolismos de aminoácidos y polifenoles, y señales de inflamación local. Una lectura integral integra dieta y hábitos: si hay baja capacidad de butirato y consumo bajo de fibra soluble, la intervención es directa; si hay sobrecrecimiento de especies que utilizan lactosa y síntomas postlácteos, puede sospecharse hipolactasia clínica o funcional. Los informes también evidencian cómo medicamentos modifican tu ecología: inhibidores de bomba de protones tienden a elevar Streptococcaceae y Enterococcaceae; metformina puede incrementar Escherichia; antibióticos reducen diversidad y favorecen especies resistentes. Asimismo, puedes inferir tolerancia a FODMAPs: una alta fermentación rápida con síntomas sugiere un enfoque escalonado de restricción temporal y reintroducción estratégica, siempre para evitar perjuicios a largo plazo. Otro aprendizaje valioso es la resiliencia: un microbioma pobre en redundancia funcional tolera peor cambios dietéticos bruscos. Por último, verás conexiones con estilo de vida: estrés sostenido afecta motilidad y secreción gástrica, alterando substratos disponibles; el sedentarismo disminuye la producción de AGCC independientemente de la fibra. Esta visión sistémica sostiene decisiones inteligentes: rotar 30 plantas distintas por semana, sumar fermentados según tolerancia, usar probióticos con objetivo, priorizar sueño profundo y movimiento, y programar una reevaluación con un kit de prueba del microbioma para medir progresos. La clave está en pasar de datos a acciones y de acciones a hábitos, con una línea base sólida y metas realistas.

Cómo prepararse para una prueba del microbioma

La preparación adecuada mejora la calidad de la muestra y la interpretabilidad de los resultados. Lo habitual es mantener tu dieta y rutina normales durante 1–2 semanas previas para capturar tu estado basal; evita cambios drásticos de último minuto. Si tomaste antibióticos, espera al menos 3–4 semanas (idealmente 6–8) para reducir efectos inmediatos de la perturbación. Documenta suplementos y fármacos (IBP, AINEs, proquinéticos, metformina, estatinas, inhibidores SGLT2), ya que influyen en la composición y deben considerarse al interpretar. En cuanto a probióticos, consulta con el equipo del test: algunos recomiendan pausarlos 48–72 horas para reflejar colonizadores residentes más que transeúntes; otros prefieren capturar “tu realidad actual”, con probióticos incluidos. Evita alcohol excesivo 48 horas previas y realiza la toma de muestra siguiendo estrictamente la guía del kit: sin contaminación con orina o agua, usando el conservante provisto, y rotulando fecha/hora. Mantén la cadena de custodia y envía la muestra lo antes posible. Considera la privacidad: elige laboratorios que cifren datos, separen identificadores personales de resultados y te permitan control granular sobre el compartido. Revisa el consentimiento informado y políticas de uso secundario de datos para investigación; si no deseas participación, opta por exclusión. Si tienes menstruación, evita colecta durante los días más intensos para disminuir contaminación. Personas con colonoscopia reciente deberían esperar recuperación de la microbiota tras la preparación intestinal. Finalmente, prepara un diario de síntomas, evacuaciones, alimentos y estrés de 7–14 días: será oro al momento de correlacionar métricas con sensaciones. Una prueba del microbioma con soporte profesional agrega valor al ayudarte a alinear el momento de toma, aclarar dudas y convertir datos en pasos concretos.

La ciencia detrás del análisis del microbioma: avances y futuras aplicaciones

El campo ha evolucionado desde perfiles 16S rRNA hacia la metagenómica shotgun y la multi-ómica integrada (metatranscriptómica, metabolómica, proteómica). Este salto permite no solo saber quién está, sino qué hace y en qué magnitud se expresa. La metabolómica fecal y plasmática, por ejemplo, vincula la producción de AGCC, indoles y urolitinas con funciones inmunometabólicas y vasculares. Se exploran firmas microbianas asociadas a enfermedades crónicas como síndrome metabólico, enfermedad inflamatoria intestinal, hígado graso, sensibilidad visceral, y trastornos del neurodesarrollo; también, moduladores como dieta mediterránea rica en polifenoles, ayuno circadiano temprano, y ejercicio vigoroso parecen recalibrar ejes microbianos y metabólicos. En salud mental, estudios sugieren que perfiles específicos y metabolitos como el butirato correlacionan con resiliencia al estrés y mejor regulación del eje HPA, aunque aún no hay biomarcadores diagnósticos definitivos. Las terapias personalizadas basadas en microbioma avanzan en dos frentes: nutrición de precisión (ajuste fino de fibras y polifenoles según rutas deficitarias) y bioterapéuticos (probióticos de nueva generación como Akkermansia o consorcios de productores de butirato). El trasplante de microbiota fecal ha mostrado eficacia en infecciones recurrentes por C. difficile y se investiga cuidadosamente en otras indicaciones con protocolos estrictos. A futuro, algoritmos que integren genética del huésped, hábitos, exposoma y multi-ómica podrían guiar planes dinámicos de salud con feedback continuo. No obstante, persisten retos: estandarización de métodos, variabilidad intraindividual, causalidad versus correlación, y ética de datos. Por ello, el valor clínico actual reside en usar la analítica como brújula, no como sentencia: orientar decisiones de dieta y estilo de vida, seleccionar probióticos con diana específica, y monitorizar cambios de manera iterativa. Plataformas como las que ofrecen tests del microbioma intestinal con recomendaciones contextuales y privacidad robusta representan el puente práctico entre laboratorio y día a día, con expectativas realistas y mejora continua.

Integrando los resultados en tu plan de bienestar

Interpretar resultados es el inicio, no el final. Empieza por 2–3 objetivos priorizados: (1) mejorar diversidad alfa; (2) aumentar capacidad de butirato; (3) reducir oportunistas asociados a síntomas. Para diversidad, adopta la “regla de 30 plantas/semana”: suma frutas, verduras, legumbres, cereales integrales, frutos secos, semillas, hierbas y especias; la variedad nutre nichos distintos. Añade 1–2 porciones diarias de fermentados tolerados (yogur con cultivos vivos, kéfir, chucrut, kimchi, encurtidos naturales); introduce gradualmente para evitar molestias. Para butirato, enfatiza fibras como inulina, FOS, GOS, pectinas y almidón resistente (plátano verde, patata/arroz enfriados, legumbres) y polifenoles (cacao puro, frutos rojos, té verde, aceite de oliva virgen extra). Si hay sobrecrecimiento de oportunistas, reduce azúcares libres y ultraprocesados, prioriza proteína de calidad, grasas insaturadas y cocción suave; a veces una fase breve baja en FODMAPs, supervisada, disminuye síntomas mientras se reequilibra la microbiota y luego se reintroduce para no empobrecerla. Los probióticos se eligen por objetivo: cepas con evidencia para SII, diarrea por antibióticos, ansiedad leve o estreñimiento funcional. Añade hábitos: sueño 7–9 h con regularidad, exposición matinal a luz, manejo del estrés (respiración, meditación, naturaleza), y movimiento diario (combinación de caminatas, fuerza y vigor). Evalúa cada 8–12 semanas: síntomas (escala de hinchazón, Bristol), energía, estado de ánimo y marcadores funcionales si están disponibles. Repite un test del microbioma para observar cambios y refinar el plan. Trabaja con un profesional si hay condiciones complejas (EII, celiaquía, SIBO, trastornos alimentarios) o medicación crónica. Documenta tolerancias: si fibras fermentables causan malestar, ajusta dosis, timing y matriz (líquido/solido, cocido/crudo). Mantén expectativas: el microbioma responde, pero requiere tiempo y consistencia; pequeñas mejoras sostenidas suman más que cambios drásticos pasajeros.

Mitos y verdades sobre las pruebas del microbioma intestinal

Mitología común: “Un test te dirá exactamente qué comer de por vida.” Realidad: orienta direcciones, no dogmas; la respuesta es individual y dinámica. “Más probióticos siempre mejor.” Falso: las cepas y dosis importan; el contexto decide. “Las bacterias ‘buenas’ deben estar altas siempre.” No necesariamente: la salud depende de diversidad, equilibrio y función, no de un solo taxón. “La disbiosis es una enfermedad.” Es un estado ecológico que puede acompañar síntomas o condiciones; no un diagnóstico en sí mismo. “Los test 16S son inútiles.” No: brindan valor si se interpretan en contexto; la metagenómica ofrece mayor resolución, pero ambos tienen roles. “La dieta no cambia la microbiota.” La evidencia muestra que la calidad y variedad de plantas, los polifenoles y el patrón alimentario modulan comunidades y metabolitos. “Si toleras mal las fibras, eres ‘intolerante’.” Suele reflejar disbiosis o sobrefermentación; la solución es ajustar el tipo, la dosis y la progresión, no eliminar de por vida. “Necesitas suplementos caros para mejorar.” A menudo, la base —dieta integral, sueño, estrés, movimiento— produce los mayores cambios. “Los test diagnostican enfermedades.” No: sugieren riesgos y oportunidades; los diagnósticos requieren clínica y pruebas específicas. “Privacidad comprometida.” Plataformas serias detallan consentimientos, cifran datos y ofrecen control. Al separar ruido de señal, colocamos a la prueba del microbioma en su sitio: es una herramienta poderosa para aprendizaje y priorización de intervenciones, siempre dentro de una estrategia integral, flexible y basada en evidencia.

Estudios de casos y testimonios reales

Caso 1: mujer de 34 años con hinchazón posprandial y estreñimiento (Bristol 1–2). Test inicial: baja diversidad, Faecalibacterium bajo, aumento de Enterobacteriaceae. Intervención: incremento progresivo de fibra soluble (inulina/pectinas), almidón resistente en cenas, kéfir diario y polifenoles de frutos rojos; probiótico con B. lactis y L. plantarum. En 8 semanas, tránsito normalizado, hinchazón reducida 60%, aumento de puntuación de diversidad y capacidad de butirato en el retest. Caso 2: varón de 42 años, diarrea intermitente, antibióticos recientes. Test: diversidad muy baja, presencia de C. difficile no toxigénico, AGCC reducidos. Plan: S. boulardii + fibra parcialmente hidrolizada de guar, fermentados suaves, restricción temporal de alcohol y ultraprocesados; sueño y caminatas. En 6 semanas, consistencia Bristol 4–5, energía mejorada. Caso 3: mujer de 29 años, ansiedad leve y dolor abdominal. Perfil: productores de butirato bajos, Akkermansia escasa, dieta baja en polifenoles. Estrategia: dieta mediterránea reforzada en legumbres, AOVE, té verde, cacao, y yogur natural; probiótico B. longum 1714; respiración 4–7–8. Resultado: mejor regulación emocional y menos dolor en 10 semanas. En los tres, el test del microbioma guió decisiones y la repetición corroboró mejoras objetivas y subjetivas. Estos relatos ilustran que el éxito no proviene de una única “bala mágica”, sino de combinar dieta de calidad, diversidad vegetal, fermentados tolerados, probióticos con evidencia, y hábitos que favorecen la homeostasis intestinal. Aun cuando persisten variaciones diarias, se observó mayor resiliencia: menos reactividad a comidas ocasionales fuera de rutina y mejor recuperación tras estrés o viajes. Integrar datos y sensaciones, medir y ajustar, es la vía práctica hacia un intestino más sano y una vida más plena.

Conclusión: el microbioma intestinal como clave para una vida saludable

Cuidar el microbioma es invertir en un sistema operativo que regula digestión, inmunidad, metabolismo y mente. Las pruebas de heces convierten hipótesis en evidencias personales, facilitando un plan ajustado a tu biología y contexto: qué fibras priorizar, qué fermentados toleras, qué probióticos tienen más posibilidades de ayudarte, y qué hábitos apuntalan la resiliencia. La ciencia avanza, pero ya disponemos de principios sólidos: variedad vegetal (idealmente 30 plantas/semana), polifenoles diarios, fermentados en pequeña cantidad, proteínas y grasas de calidad, sueño consistente, manejo del estrés y movimiento regular. Evita sobrerrestringir: cualquier protocolo debe tender a ampliar, no a limitar de forma indefinida. Revisa tus progresos con un retest y métricas subjetivas y objetivas; celebra pequeñas victorias. Si tienes condiciones médicas complejas, coordina con un profesional. En suma, el conocimiento del microbioma no es un fin, sino un medio para vivir mejor con elecciones claras y sostenibles. Optar por una plataforma que ofrezca una prueba del microbioma intestinal con privacidad y asesoramiento puede marcar la diferencia entre acumular datos y transformarlos en bienestar duradero.

Key Takeaways

  • La diversidad y función microbianas sostienen digestión e inmunidad.
  • Las pruebas de heces identifican disbiosis y rutas funcionales claves.
  • Personaliza fibras, polifenoles y probióticos según tu perfil.
  • Hábitos: sueño, estrés y movimiento modulan tu microbiota.
  • Evita ultraprocesados; prioriza plantas y fermentados tolerados.
  • Mide, ajusta y retesta para progreso sostenible y realista.
  • Privacidad y contexto clínico son esenciales al interpretar.
  • La meta final es ampliar tolerancia y resiliencia intestinal.

Q&A

¿Qué diferencia hay entre microbiota y microbioma? La microbiota describe los microorganismos que viven en tu intestino; el microbioma se refiere a los genes y funciones de esa comunidad. Ambos conceptos son complementarios y necesarios para comprender composición y capacidad metabólica.

¿Un test del microbioma puede diagnosticar enfermedades? No. Las pruebas identifican patrones y funciones asociadas a salud o disbiosis, pero no sustituyen a diagnósticos médicos. Sirven para orientar cambios de dieta, suplementos y hábitos, y para monitorizar respuesta a intervenciones.

¿Cuándo es el mejor momento para realizar la prueba? Cuando tu dieta y rutina sean estables durante 1–2 semanas. Si tomaste antibióticos, espera varias semanas. Evita cambios drásticos previos y sigue las instrucciones del kit para asegurar una muestra representativa.

¿Debo parar los probióticos antes de la muestra? Depende del objetivo. Si quieres capturar tu realidad actual, mantenlos; si el laboratorio lo recomienda, suspéndelos 48–72 horas. Registra su uso para interpretar con precisión el informe.

¿Cuánto tardaré en notar mejoras tras intervenir? Algunas personas mejoran en 2–4 semanas, especialmente síntomas de gas e hinchazón. Cambios más profundos en diversidad y resiliencia suelen requerir 8–12 semanas de adherencia consistente y ajustes graduales.

¿Qué fibras son más útiles para productores de butirato? Inulina, FOS, GOS, pectinas y almidón resistente favorecen Faecalibacterium y Roseburia. Introduce lentamente y ajusta dosis según tolerancia para evitar sobrefermentación y molestias iniciales.

¿Los fermentados son para todos? En general ayudan, pero la tolerancia varía. Comienza con porciones pequeñas y evalúa respuesta. Si tienes SIBO, consulta antes; podrías necesitar una estrategia escalonada y supervisión profesional.

¿Qué papel juegan polifenoles y ejercicio? Los polifenoles nutren consorcios beneficiosos y modulan vías antioxidantes; el ejercicio regular incrementa AGCC y diversidad. Juntos, potencian integridad de la barrera y reducen inflamación de bajo grado.

¿Cómo elegir un probiótico? Elige por cepa y evidencia para tu objetivo específico, no por cantidad genérica de UFC. Considera dosis, duración y sinergia con prebióticos y dieta.

¿Con qué frecuencia repetir el test? Cada 8–16 semanas si estás implementando cambios, o semestralmente como seguimiento. Úsalo para ajustar tu plan y validar mejoras objetivas y subjetivas en el tiempo.

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