¿El síndrome de intestino irritable (IBS) puede causar escalofríos?
Quick Answer Summary
- El IBS no suele causar fiebre, pero algunos pacientes reportan escalofríos y sensación de frío, a menudo vinculados a dolor intenso, estrés, hipersensibilidad visceral o disbiosis.
- Los escalofríos con fiebre alta no son típicos del IBS y requieren evaluación médica para descartar infecciones u otros trastornos.
- La disbiosis del microbioma puede amplificar la respuesta al estrés y la inflamación de bajo grado, contribuyendo a síntomas sistémicos como fatiga y escalofríos.
- Una prueba del microbioma ayuda a identificar desequilibrios bacterianos que podrían relacionarse con síntomas extraintestinales y orientar cambios dietéticos y probióticos.
- El manejo incluye dieta personalizada, control del estrés, sueño, probióticos y seguimiento médico cuando hay señales de alarma.
- Los resultados de pruebas de microbioma deben interpretarse con un profesional para convertir datos en acciones efectivas.
Introducción
Los escalofríos suelen asociarse con infecciones que cursan con fiebre, pero también pueden presentarse en contextos no infecciosos, como respuestas al dolor, ansiedad o disautonomía. En el síndrome del intestino irritable (IBS), un trastorno funcional del eje intestino-cerebro, la experiencia de escalofríos no es un síntoma cardinal, sin embargo muchas personas reportan episodios de temblor o sensación de frío en relación con brotes de dolor abdominal, urgencia, diarrea o distensión. ¿Por qué ocurre? La respuesta involucra múltiples mecanismos: hipersensibilidad visceral, disfunción en la motilidad, respuestas de estrés exageradas, neuroinflamación de bajo grado y, de forma destacada, alteraciones del microbioma intestinal. Este artículo profundiza en la conexión entre IBS, escalofríos y microbiota, explicando cuándo estos síntomas encajan en el perfil del IBS y cuándo ameritan estudios adicionales. Veremos también cómo una evaluación de la microbiota, como la prueba del microbioma, puede apoyar decisiones personalizadas sobre dieta, probióticos y estilo de vida, y ofrece una base objetiva para optimizar el manejo diario del IBS.
1. La importancia del microbioma intestinal en el IBS (síndrome del intestino irritable)
El microbioma intestinal, el conjunto de bacterias, arqueas, hongos y virus que habitan el tracto gastrointestinal, participa en la digestión de fibras, la producción de metabolitos como ácidos grasos de cadena corta (AGCC), el entrenamiento del sistema inmune y la regulación del eje intestino-cerebro. En el IBS, la evidencia apunta a que un subconjunto de pacientes presenta disbiosis: menor diversidad, disminución de productores de butirato, cambios en Firmicutes y Bacteroidetes, y expansión de especies potencialmente proinflamatorias o productoras de gas. Estos cambios pueden aumentar la fermentación y la distensión, modular la sensibilidad intestinal y alterar la motilidad, lo que se traduce en dolor, diarrea, estreñimiento o alternancia de ambos. A nivel sistémico, la disbiosis puede favorecer una “inflamación de bajo grado” y una reactividad exacerbada al estrés, que en algunas personas se manifiesta como escalofríos o sensación de frío durante picos de dolor o ansiedad. Aunque los escalofríos no son diagnósticos de IBS, la interacción microbiota-inmunidad-sistema nervioso puede explicar su aparición. Estudios de metagenómica y metabolómica han identificado perfiles microbiológicos asociados a IBS con diarrea (IBS-D) y con estreñimiento (IBS-C), relacionando desequilibrios de AGCC, triptófano y ácidos biliares con síntomas intestinales y extraintestinales. Además, la permeabilidad intestinal aumentada (“leaky gut” subclínico) puede permitir el paso de fragmentos bacterianos que activan el sistema inmune, potenciando malestar sistémico. La relevancia clínica de estos hallazgos es doble: por un lado, orienta intervenciones dietéticas (FODMAPs, fibras específicas) y uso selectivo de probióticos; por otro, justifica la utilización de herramientas de evaluación, como la prueba del microbioma intestinal, para mapear desequilibrios y guiar un plan de cuidado verdaderamente personalizado, algo crucial cuando los síntomas incluyen fenómenos sistémicos como escalofríos, fatiga o alteraciones del estado de ánimo.
2. ¿Qué es la prueba de microbioma intestinal y cómo funciona?
Una prueba de microbioma intestinal analiza una muestra de heces para identificar la composición y, en ciertos métodos, el potencial funcional de la comunidad microbiana. Las tecnologías más frecuentes son la secuenciación 16S rRNA (perfil taxonómico a nivel de género) y la metagenómica de escopeta (identificación taxonómica más fina y genes funcionales), además de enfoques complementarios como metabolómica fecal para medir AGCC, aminas biogénicas o ácidos biliares. El proceso es sencillo: el usuario recoge la muestra en casa siguiendo instrucciones y la envía al laboratorio; posteriormente recibe un informe con métricas de diversidad, abundancias relativas y, en algunos servicios, recomendaciones basadas en evidencia. Estas pruebas no “diagnostican” IBS, pero sí contextualizan el ecosistema intestinal, ayudando a distinguir patrones de disbiosis que podrían contribuir a dolor, gases, diarrea o estreñimiento, e incluso a síntomas extraintestinales. En el caso de escalofríos asociados a brotes de IBS, una lectura del microbioma puede revelar, por ejemplo, baja abundancia de productores de butirato (como Faecalibacterium prausnitzii), o una sobreexpansión de bacterias fermentadoras de carbohidratos de rápida disponibilidad, datos que sustentan cambios precisos en la ingesta de fibra, selección de probióticos y tolerancia a FODMAPs. La principal ventaja de la prueba del microbioma radica en personalizar el tratamiento: en lugar de estrategias genéricas, el plan se adapta a los hallazgos del ecosistema real del paciente, permitiendo iterar entre dieta, probióticos y hábitos de forma medible. Además, las pruebas repetidas a lo largo del tiempo pueden documentar la respuesta a intervenciones y ofrecer un feedback objetivo sobre el progreso, algo motivador para pacientes que experimentan síntomas complejos y variables como los del IBS.
3. Beneficios de realizarse una prueba del microbioma para la salud intestinal
Más allá de la curiosidad, el análisis del microbioma aporta beneficios prácticos, especialmente cuando los síntomas del IBS vienen acompañados de señales sistémicas como escalofríos, fatiga, dolor difuso o alteraciones del estado de ánimo. Primero, permite identificar desequilibrios de relevancia clínica, por ejemplo, una baja diversidad que sugiera resiliencia reducida, o un déficit de bacterias productoras de butirato que afecte la barrera intestinal y la modulación inmunitaria. Segundo, señala dianas nutricionales: si hay intolerancia a ciertos FODMAPs por fermentación excesiva, el informe puede ayudar a seleccionar fibras con mejor tolerabilidad (p. ej., acacia, PHGG) o ajustar la progresión de reintroducciones. Tercero, guía la elección de probióticos y prebióticos, enfocando cepas o fibras que aborden necesidades específicas del perfil del paciente. Cuarto, facilita el seguimiento de intervenciones: al repetir el test, se puede medir si la diversidad aumenta y si se normalizan grupos clave tras ajustes de dieta, manejo del estrés o cambios en el sueño. Quinto, aporta pistas sobre el vínculo intestino-cerebro: metabolitos microbianos influyen en neurotransmisores, tono vagal y percepción del dolor, lo cual puede explicar por qué, en algunos pacientes, picos de dolor o estrés se acompañan de escalofríos o sensación de frío intenso sin fiebre. Por último, integrar una prueba del microbioma en el abordaje del IBS aporta objetividad y foco; en vez de “probar todo”, se interviene con un mapa claro, optimizando recursos y aumentando la probabilidad de respuesta clínica, especialmente útil cuando los síntomas fluctúan y afectan la calidad de vida.
4. Cómo interpretar los resultados de la prueba del microbioma
Interpretar un informe de microbioma requiere distinguir entre hallazgos descriptivos y decisiones clínicas accionables. Entre las métricas clave están la diversidad alfa (riqueza y equilibrio de especies), la abundancia relativa de grupos funcionales (p. ej., Ruminococcaceae y Lachnospiraceae, a menudo asociados a producción de butirato), la presencia de potenciales patobiontes en expansión y, si el test lo ofrece, indicadores de capacidad metabólica (genes para producir AGCC, metabolizar fibras, modular bilis). Un descenso de diversidad o de productores de butirato, por ejemplo, puede alinearse con mayor sensibilidad y permeabilidad intestinal, útil para planear una dieta que incremente fibra fermentable gradualmente y seleccione probióticos dirigidos. No obstante, los informes no sustituyen la evaluación clínica; es aconsejable revisar resultados con un profesional de salud que conozca IBS y el contexto del paciente. A partir de la interpretación, los pasos típicos incluyen: diseñar una estrategia dietética escalonada (baja en FODMAPs de forma temporal y enfocada en reintroducciones individualizadas), introducir prebióticos tolerables en microdosis, seleccionar probióticos con cepas respaldadas (según fenotipo IBS-D, IBS-C o mixto), optimizar sueño y manejo del estrés (p. ej., respiración diafragmática, terapia cognitivo-conductual), y vigilar respuestas sistémicas como escalofríos, fatiga o mareos. Documentar síntomas en un diario junto con los cambios implementados ayuda a vincular alteraciones del microbioma con la clínica. En resumen, la prueba proporciona un mapa; la clave está en traducir ese mapa a decisiones concretas y medibles, evaluadas en ciclos de 4 a 8 semanas, con ajustes iterativos en función de la respuesta.
5. La influencia del microbioma en otras condiciones de salud además del IBS
El microbioma intestinal impacta más allá de la función digestiva. En inmunidad, los AGCC, especialmente el butirato, ayudan a mantener una respuesta antiinflamatoria regulada, mientras que la disbiosis puede promover activación crónica de bajo grado. Esto es relevante para síntomas sistémicos reportados por pacientes con IBS, incluyendo escalofríos ocasionales, intolerancia al frío, fatiga o mialgias leves, que pueden reflejar una interacción compleja entre sistema nervioso, endocrino e inmune. En salud mental, los metabolitos microbianos influyen en la síntesis de serotonina y GABA, y en la modulación del eje HPA (hipotálamo-hipófisis-adrenal), afectando ansiedad, sueño y percepción del dolor; en este contexto, el estrés agudo o crónico puede precipitar escalofríos en personas con hipersensibilidad. Dermatológicamente, se han observado vínculos entre disbiosis y afecciones como rosácea o eczema, probablemente mediadas por inflamación sistémica. Metabólicamente, la microbiota participa en el manejo de glucosa y lípidos, con implicaciones en resistencia a la insulina y esteatosis. Neurológicamente, el eje intestino-cerebro sugiere que cambios microbianos pueden modular el umbral de dolor central y fenómenos autonómicos, potencialmente relacionados con escalofríos o sudoración en situaciones de dolor visceral o ansiedad. Si bien la causalidad directa entre IBS y escalofríos no está establecida de manera universal, entender el microbioma como modulador de sistemas interconectados ayuda a explicar la experiencia clínica de muchos pacientes y abre espacios de intervención integrales: nutrición, sueño, actividad física, técnicas de relajación y, cuando corresponde, terapias dirigidas al microbioma para optimizar el bienestar global.
6. La ciencia y las investigaciones más recientes en microbioma intestinal
La investigación del microbioma avanza rápidamente y está transformando el manejo del IBS y sus síntomas asociados. Ensayos controlados han explorado dietas bajas en FODMAPs, con eficacia clínica en reducción de dolor y distensión, aunque se recomienda personalización para evitar disminuciones sostenidas de diversidad. Intervenciones con probióticos muestran beneficios modestos pero significativos en subgrupos, resaltando la importancia de elegir cepas y combinaciones apropiadas al fenotipo. La metagenómica está refinando firmas microbianas que correlacionan con IBS-D o IBS-C, mientras que la metabolómica vincula perfiles de AGCC, aminas y ácidos biliares a síntomas y calidad de vida. Están en estudio terapias como el trasplante de microbiota fecal (TMF) en IBS, con resultados heterogéneos que sugieren que la selección de donantes “superdonantes”, la preparación intestinal y el fenotipo del receptor impactan en la respuesta. Además, investigaciones sobre la barrera intestinal y el sistema inmune innato apuntan a que la microinflamación, sin llegar a parámetros de enfermedad orgánica, puede contribuir a hipersensibilidad y síntomas extraintestinales. En relación con los escalofríos, trabajos sobre neuroinmunología del dolor y el eje HPA explican cómo los picos de estrés o dolor pueden desencadenar respuestas autonómicas, con temblores o sensación de frío, en ausencia de infección. A nivel práctico, la validación de algoritmos que integran datos de microbioma con dieta y síntomas está acercando la medicina de precisión al manejo del IBS. Para pacientes y clínicos, esto se traduce en herramientas más finas para decidir cuándo implementar una prueba del microbioma, cómo interpretar los hallazgos y qué intervenciones tienen mayor probabilidad de mejorar tanto síntomas intestinales como manifestaciones sistémicas.
7. Cómo prepararse para una prueba de microbioma intestinal
Para obtener datos útiles, la preparación antes de una prueba de microbioma requiere normas sencillas. Idealmente, evita iniciar dietas o suplementos nuevos en los 7 a 14 días previos, salvo indicación médica; cambios bruscos pueden sesgar el perfil momentáneo. Si tomas antibióticos, lo más informativo es esperar al menos 4 semanas tras finalizar, para permitir una recuperación parcial de la microbiota. En cuanto a probióticos, algunas guías sugieren suspenderlos 1 a 2 semanas antes para capturar la “línea base”, aunque si evalúas respuesta a un probiótico, puedes mantenerlo y anotar la dosis y el tiempo. Procura capturar una muestra en un día representativo de tu dieta y síntomas; si tus escalofríos suelen coincidir con brotes de dolor o diarrea, registrar en un diario el contexto de la muestra (dolor, deposiciones, estrés, sueño) aportará valor interpretativo. Sigue meticulosamente las instrucciones de recolección y conservación: higiene, cantidad de muestra, temperatura y tiempos de envío. Recuerda que la prueba refleja una instantánea del ecosistema; por ello, los resultados se interpretan mejor junto con tu historia clínica, tus objetivos y, en ocasiones, pruebas repetidas tras intervenciones. Al recibir el informe, agenda una revisión con un profesional capacitado para traducir los hallazgos a un plan concreto: dieta individualizada, introducción de fibras específicas, selección de probióticos, y recomendaciones para manejo del estrés y el sueño. Esta preparación estratégica maximiza la utilidad clínica del análisis y aumenta la probabilidad de que tus acciones posteriores se traduzcan en mejorías medibles en el IBS y en síntomas acompañantes como los escalofríos.
8. Casos de éxito y testimonios de personas que se han realizado la prueba
Muchos pacientes con IBS relatan trayectorias complejas, con altibajos, intervenciones que ayudan parcialmente y síntomas que cambian con el estrés, el ciclo hormonal o la dieta. En los casos en que los escalofríos aparecían durante picos de dolor o urgencia, introducir decisiones basadas en pruebas del microbioma ha sido útil. Por ejemplo, una persona con IBS-D y baja presencia de Faecalibacterium prausnitzii ajustó su dieta para incrementar fibras lentamente fermentables (como PHGG), añadió un probiótico con enfoque en modulación de AGCC y mejoró la higiene del sueño; en 8 semanas, reportó menos urgencias, dolor más tolerable y desaparición de episodios de escalofríos asociados a diarrea. Otra paciente con IBS-C y abundancia reducida de Bifidobacterium implementó una fase corta baja en FODMAPs seguida de reintroducciones controladas, sumando prebióticos suaves y técnicas de respiración para regular el tono vagal; el tránsito mejoró, disminuyó la distensión y los temblores eventuales ligados a ansiedad se hicieron menos frecuentes. En ambos casos, repetir la prueba mostró aumento de diversidad y recuperación de grupos funcionales beneficiosos. Un factor común es el enfoque iterativo: medir, intervenir de forma específica y volver a medir. Aunque no todos los pacientes experimentan el mismo grado de respuesta, la personalización guiada por un análisis de microbioma ofrece una ruta clara para encontrar “tu” combinación de dieta, suplementos y hábitos. Este enfoque evita absolutismos: no se trata de una dieta perfecta universal, sino de un plan dinámico ajustado a tu ecología intestinal y a tu vida real, en el que herramientas como la prueba del microbioma añaden claridad y dirección.
9. Consideraciones y posibles limitaciones de las pruebas de microbioma
Aunque valiosas, las pruebas de microbioma tienen limitaciones que conviene reconocer. Primero, capturan una instantánea: la microbiota fluctúa con la dieta, el estrés, el sueño y el ejercicio, de modo que una única muestra no refleja toda la variabilidad. Segundo, la relación causal no siempre es clara; un desequilibrio puede ser consecuencia, no causa, de los síntomas. Tercero, no detectan patógenos con la precisión de una evaluación clínica dirigida a infección aguda, ni sustituyen una colonoscopia o pruebas para enfermedad inflamatoria intestinal, celiaquía o insuficiencia pancreática cuando hay señales de alarma. Cuarto, la traducción de abundancias relativas a recomendaciones exige prudencia: no todas las diferencias respecto a “promedios” son patológicas. Quinto, la estandarización entre laboratorios y metodologías varía, lo que puede producir informes con escalas diferentes. Por estas razones, es fundamental complementar la prueba con evaluación médica, especialmente si presentas escalofríos con fiebre, pérdida de peso no intencionada, sangre en heces, anemia, dolor nocturno o inicio de síntomas en mayores de 50 años. En ausencia de estas señales, la prueba sigue siendo útil para orientar ajustes finos del plan de manejo del IBS. En definitiva, las pruebas del microbioma son herramientas poderosas dentro de un enfoque integral que incluye historia clínica, examen físico y, cuando corresponde, estudios adicionales. El objetivo no es coleccionar datos, sino convertirlos en acciones que mejoren tu calidad de vida.
10. Tomando decisiones informadas sobre tu salud intestinal
Tomar decisiones informadas implica integrar ciencia, contexto personal y preferencias. Si experimentas IBS con síntomas como dolor, distensión, alteraciones del tránsito y, ocasionalmente, escalofríos sin fiebre, plantéate un plan por fases: evaluación clínica para descartar banderas rojas; educación sobre el eje intestino-cerebro y estrategias de regulación del estrés; dieta personalizada con una fase de eliminación breve y reintroducciones sistemáticas; y, cuando sea apropiado, análisis del microbioma para focalizar intervenciones. Mantén un diario de síntomas que incluya dolor, deposiciones, alimentos, estrés, sueño y episodios de escalofríos: este registro convertirá percepciones difusas en patrones identificables. Acompáñate de profesionales que comprendan la biología del IBS y la realidad de las rutinas cotidianas; el plan ideal es el que puedes sostener. Evalúa el progreso cada 4 a 8 semanas, haciendo ajustes graduales y manteniendo lo que funciona. Recuerda que la variabilidad es parte de la condición y que el objetivo no es la perfección, sino recuperar control, reducir la carga de síntomas y mejorar la calidad de vida. Herramientas como la prueba del microbioma añaden precisión al proceso, pero lo esencial es la coherencia diaria: alimentación adecuada a tu tolerancia, descanso, actividad física, relaciones sociales y sentido de propósito. Con paciencia, guía experta y datos útiles, muchas personas logran transformar su experiencia con el IBS y reducir notablemente los síntomas, incluso aquellos sistémicos que parecían desconcertantes como los escalofríos sin causa infecciosa evidente.
Conclusión breve
Los escalofríos no son un síntoma definitorio del IBS, pero pueden aparecer en algunos pacientes como parte de una respuesta autonómica ligada a dolor, ansiedad, disbiosis o inflamación leve. La clave está en diferenciar los episodios benignos sin fiebre de aquellos que sugieren otra patología. Entender el papel del microbioma ayuda a orientar intervenciones personalizadas que, con seguimiento adecuado, reducen tanto síntomas intestinales como manifestaciones sistémicas. Las pruebas del microbioma, interpretadas con criterio clínico, ofrecen una vía para convertir la complejidad del IBS en un plan de acción claro y adaptado a tu realidad.
Claves prácticas (Key Takeaways)
- El IBS puede asociarse a escalofríos sin fiebre por respuestas autonómicas a dolor y estrés; la fiebre sugiere otra causa.
- La disbiosis y la inflamación de bajo grado pueden contribuir a síntomas sistémicos en algunos pacientes con IBS.
- Una prueba de microbioma identifica desequilibrios que orientan dieta, probióticos y hábitos con mayor precisión.
- Interpreta los informes con un profesional; no sustituyen una evaluación médica completa cuando hay señales de alarma.
- El manejo efectivo combina dieta personalizada, manejo del estrés, sueño y actividad física.
- Registra síntomas y respuestas para ajustar el plan de forma iterativa cada 4–8 semanas.
- Las dietas restrictivas deben ser temporales y seguidas de reintroducciones estructuradas.
- La personalización aumenta la probabilidad de reducir dolor, distensión y episodios de escalofríos.
Q&A: Preguntas y respuestas frecuentes
1) ¿El IBS causa escalofríos?
Los escalofríos no son un síntoma típico del IBS, pero algunas personas los experimentan durante picos de dolor o ansiedad. Suelen ser parte de una respuesta autonómica y no van acompañados de fiebre; si hay fiebre, hay que descartar infecciones u otras causas.
2) ¿Por qué siento escalofríos cuando tengo dolor abdominal por IBS?
El dolor visceral intenso puede activar el sistema nervioso autónomo y el eje del estrés. Esto puede provocar temblores, sudoración o sensación de frío pasajera, sin que exista una infección.
3) ¿La disbiosis del microbioma puede explicar los escalofríos?
No de forma directa, pero la disbiosis puede aumentar la sensibilidad al dolor y la reactividad al estrés. Esto favorece respuestas sistémicas como escalofríos en momentos de crisis.
4) ¿Cuándo debo preocuparme por los escalofríos si tengo IBS?
Si los escalofríos se acompañan de fiebre, pérdida de peso, sangre en heces, dolor nocturno o empeoran rápidamente, consulta al médico. Estas señales no son típicas del IBS y requieren evaluación.
5) ¿Una prueba de microbioma ayuda si tengo escalofríos con IBS?
Sí, porque puede identificar desequilibrios que influyen en tu sensibilidad y síntomas. Esto permite personalizar dieta y probióticos para mejorar tanto el IBS como manifestaciones sistémicas.
6) ¿Las dietas bajas en FODMAPs reducen los escalofríos?
Pueden disminuir dolor y distensión, lo que a su vez reduce respuestas autonómicas como escalofríos. Deben aplicarse temporalmente y con reintroducciones personalizadas.
7) ¿Qué probióticos son mejores para el IBS con escalofríos?
Depende del fenotipo (D, C o mixto) y del perfil microbiano. Un profesional puede guiar la selección de cepas basadas en evidencia y en tus resultados de microbioma.
8) ¿El estrés puede desencadenar escalofríos en IBS?
Sí. El estrés activa el eje HPA y el sistema simpático, que en personas con IBS pueden manifestarse como escalofríos, palpitaciones o sudoración.
9) ¿Debo hacerme análisis adicionales si tengo escalofríos recurrentes?
Si son frecuentes, intensos o con fiebre u otros síntomas de alarma, consulta al médico para descartar infecciones u otras condiciones. La evaluación clínica es prioritaria.
10) ¿La actividad física ayuda?
El ejercicio moderado mejora motilidad, sensibilidad al dolor y manejo del estrés. Esto puede reducir tanto síntomas del IBS como episodios de escalofríos relacionados con ansiedad o dolor.
11) ¿El sueño influye en los escalofríos y el IBS?
El sueño insuficiente aumenta la reactividad al dolor y al estrés. Mejorar la higiene del sueño puede disminuir brotes de IBS y respuestas autonómicas.
12) ¿Puedo usar suplementos de fibra para mejorar?
Fibras como PHGG o acacia, introducidas gradualmente, pueden apoyar productores de butirato y tolerancia. Ajusta dosis según síntomas y guía profesional.
13) ¿Cada cuánto repetir una prueba del microbioma?
Tras implementar cambios, repetir a los 3–6 meses ayuda a valorar el impacto y ajustar el plan. La frecuencia depende de tus objetivos y evolución clínica.
14) ¿Los escalofríos pueden ser por intolerancias alimentarias?
Indirectamente, sí; si ciertos alimentos desencadenan dolor o ansiedad, pueden inducir respuestas autonómicas como escalofríos. Un diario alimentario-síntomas ayuda a identificarlos.
15) ¿Dónde puedo adquirir una prueba de microbioma confiable?
Puedes explorar opciones como la prueba del microbioma intestinal con asesoramiento nutricional para obtener datos interpretables y aplicarlos a un plan personalizado.
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