¿Cuánto tiempo puede retrasarse el diagnóstico de la enfermedad de Crohn?
- El retraso diagnóstico en la enfermedad de Crohn suele oscilar entre 6 y 24 meses; en algunos casos supera los 2–3 años.
- Los síntomas iniciales son inespecíficos (dolor abdominal, diarrea crónica, pérdida de peso, fatiga), lo que contribuye al retraso.
- El retraso aumenta el riesgo de estenosis, fístulas, deficiencias nutricionales y necesidad de cirugía.
- Marcadores como calprotectina fecal, colonoscopia con biopsia y estudios de imagen son clave para el diagnóstico.
- El microbioma intestinal se altera en Crohn (disbiosis), con menor diversidad y cambios en bacterias clave.
- La prueba del microbioma no diagnostica Crohn, pero identifica desequilibrios útiles para personalizar dieta y soporte.
- Intervenciones basadas en microbioma: fibra específica, dieta antiinflamatoria, probióticos/postbióticos y pautas individualizadas.
- Consultar de forma temprana ante síntomas persistentes acelera evaluación y reduce complicaciones.
- La integración de resultados del microbioma con historia clínica y pruebas médicas mejora la estrategia terapéutica.
- Las pruebas de microbioma modernas ofrecen reportes aplicables y seguimiento para medir mejoras con el tiempo.
Introducción
La enfermedad de Crohn es una afección inflamatoria crónica del tubo digestivo que puede afectar desde la boca hasta el ano, con predilección por el íleon terminal y el colon. Aunque su presentación es diversa, los síntomas más comunes incluyen dolor abdominal, diarrea persistente, pérdida de peso, fatiga y, a veces, sangrado rectal o fiebre de bajo grado. Uno de los grandes desafíos en la vida real es que estos signos iniciales son inespecíficos y se confunden con cuadros funcionales (como el síndrome del intestino irritable), infecciones autolimitadas, intolerancias alimentarias o estrés. ¿Resultado? Un retraso diagnóstico que se traduce en meses o incluso años sin un plan terapéutico preciso, con mayor riesgo de complicaciones y peor calidad de vida. Frente a este escenario, la medicina digestiva se ha apoyado en biomarcadores (calprotectina fecal), endoscopia con biopsia e imagen avanzada para confirmar la enfermedad, y en cuidados integrales que incluyen nutrición, fármacos inmunomoduladores y, cuando es necesario, cirugía. Paralelamente, el conocimiento del microbioma —la comunidad de microorganismos que habita nuestros intestinos— ha crecido de forma exponencial. Se sabe que en Crohn existe disbiosis (alteración del equilibrio microbiano), menor diversidad bacteriana y cambios en metabolitos clave. Por eso, el análisis del microbioma intestinal está emergiendo como una herramienta complementaria para caracterizar el estado intestinal, personalizar pautas dietéticas y apoyar la toma de decisiones. Este artículo explora cuánto puede retrasarse el diagnóstico de Crohn, por qué sucede, cómo reducir ese retraso y qué papel pueden desempeñar hoy las pruebas del microbioma en la prevención secundaria, el seguimiento y el bienestar digestivo.
1. El retraso en la enfermedad de Crohn y la importancia de las pruebas de microbioma
En términos prácticos, el retraso diagnóstico (diagnostic delay) de la enfermedad de Crohn varía según el sistema sanitario, el acceso a especialistas, la edad de inicio y la presentación clínica. La literatura clínica reporta medianas de 6 a 12 meses, aunque no es raro encontrar intervalos de 18 a 24 meses; en cohortes seleccionadas, se han documentado demoras superiores a 2–3 años. Este retraso tiene consecuencias concretas: progresión a fenotipos más complicados (estenosis y fístulas), mayor carga inflamatoria, déficit de micronutrientes (hierro, B12, vitamina D), impacto psicológico y laboral, y mayor probabilidad de hospitalización y cirugía. ¿Por qué se retrasa el diagnóstico? Primero, la sintomatología superpuesta con trastornos frecuentes; segundo, la variabilidad en la intensidad de los síntomas (brotes y remisiones que confunden); tercero, la subestimación de signos de alarma como diarrea nocturna, pérdida de peso involuntaria, anemia o fiebre persistente. Además, en pediatría los retrasos pueden vincularse con fallos de crecimiento o pubertad tardía que pasan inadvertidos hasta que la inflamación es evidente. La manera más eficiente de acortar el tiempo hasta el diagnóstico es reconocer marcadores precoces de inflamación intestinal orgánica. La calprotectina fecal es una herramienta no invasiva que, cuando está elevada, apoya la presencia de inflamación intestinal y prioriza estudios endoscópicos. La colonoscopia con biopsia sigue siendo el estándar para confirmar enfermedad inflamatoria intestinal, complementada con enterorresonancia o enterografía por TAC para evaluar segmentos del intestino delgado. En paralelo, el análisis del microbioma intestinal suma información relevante, no como prueba diagnóstica de Crohn —no es un sustituto de la endoscopia—, sino como un mapa funcional de la ecología intestinal. En Crohn suele observarse disminución de bacterias productoras de butirato (como algunas Clostridia del grupo IV/XIVa) y aumento de especies proinflamatorias; estos cambios se asocian con permeabilidad intestinal alterada, disfunción de la barrera epitelial y modulación inmune desfavorable. Aplicar una prueba del microbioma en personas con síntomas persistentes puede acelerar la búsqueda de ayuda especializada y facilitar intervenciones dietéticas personalizadas mientras avanza la evaluación diagnóstica formal, contribuyendo a reducir complicaciones asociadas al retraso.
2. ¿Qué es una prueba de microbioma intestinal y cómo funciona?
Una prueba de microbioma intestinal analiza la composición y, en algunos casos, el potencial funcional de las comunidades microbianas presentes en las heces, que reflejan la ecología del tracto digestivo. Los métodos más extendidos incluyen la secuenciación del gen 16S rRNA, que permite identificar géneros bacterianos y estimar diversidad, y la metagenómica de tiro completo (shotgun), que perfila especies y genes funcionales, incluidas rutas metabólicas. El proceso es relativamente sencillo: el usuario recoge una pequeña muestra de heces en casa siguiendo instrucciones estandarizadas de higiene y conservación; el kit asegura la estabilización del ADN microbiano; la muestra se envía al laboratorio para extracción, secuenciación y análisis bioinformático; y finalmente se entrega un informe interpretable con métricas (diversidad alfa, abundancias relativas) y hallazgos clínicamente orientados (por ejemplo, menor presencia de bacterias productoras de ácidos grasos de cadena corta, o sobrecrecimiento de taxones oportunistas). El valor de estas pruebas no reside en “poner una etiqueta diagnóstica” por sí solas, sino en contextualizar síntomas y hábitos para diseñar estrategias personalizadas de nutrición, suplementación y estilo de vida. En el caso de Crohn, el patrón de disbiosis puede correlacionarse con actividad inflamatoria y síntomas, guiando decisiones sobre fibra fermentable tolerable, pre/probióticos específicos, y monitorización de cambios tras una intervención dietética. Además, las iteraciones periódicas del test (por ejemplo, cada 3–6 meses) permiten evaluar si una pauta alimentaria, una terapia o una modificación del estilo de vida se traducen en mayor diversidad, estabilidad y marcadores de eubiosis. Soluciones orientadas al usuario, como el test del microbioma intestinal de InnerBuddies, integran análisis de vanguardia con recomendaciones dietéticas personalizadas, ayudando a transformar resultados científicos en decisiones diarias concretas, con seguimiento en el tiempo para objetivar la mejora o ajustar la estrategia cuando sea necesario.
3. Beneficios de realizar una prueba de microbioma
Los beneficios de una prueba de microbioma se agrupan en cuatro grandes ámbitos: evaluación del estado ecológico intestinal, personalización de intervenciones, apoyo a la prevención secundaria y seguimiento objetivo de resultados. Primero, evaluar la diversidad y los equilibrios entre grupos bacterianos clave aporta información sobre la capacidad fermentativa, la producción de ácidos grasos de cadena corta (AGCC) —como el butirato, con funciones antiinflamatorias y tróficas para el epitelio— y la estabilidad del ecosistema frente al estrés o la dieta. Una menor diversidad y la depleción de bacterias beneficiosas pueden asociarse con síntomas como distensión, irregularidad intestinal y sensibilidad a determinados alimentos. Segundo, la personalización de estrategias: con un mapa microbiano en mano, es posible afinar el tipo y la cantidad de fibra soluble e insoluble, proponer alimentos fermentados adecuados, y seleccionar probióticos o postbióticos alineados con las necesidades del perfil. En personas con enfermedad inflamatoria intestinal, este nivel de precisión ayuda a encontrar el umbral de tolerancia y a reducir el ensayo y error que tan a menudo frustra al paciente. Tercero, prevención secundaria: si bien la prueba no diagnostica Crohn, un hallazgo de disbiosis significativa en alguien con síntomas persistentes puede motivar una evaluación médica más temprana, priorizando biomarcadores (calprotectina) y endoscopia cuando corresponda, lo que potencialmente acorta el retraso diagnóstico. Cuarto, seguimiento: repetir el test tras implementar cambios dietéticos o terapéuticos permite cuantificar avances, reforzar adherencia y detectar necesidad de ajustes. En la práctica, servicios como la prueba del microbioma con orientación nutricional de InnerBuddies entregan informes aplicables y recomendaciones basadas en evidencia, enfocadas en mejorar digestión, reducción de inflamación de bajo grado y optimización de absorción de nutrientes, piezas críticas cuando existe sospecha o diagnóstico de enfermedad inflamatoria intestinal. El beneficio final no es un dato aislado, sino la integración de resultados con clínica, laboratorio y hábitos de vida para impulsar un cuidado realmente personalizado y dinámico.
4. ¿Cuándo deberías considerar realizar una prueba de microbioma?
Conviene plantearse una prueba de microbioma intestinal cuando los síntomas digestivos son persistentes y no se explican por causas transitorias: diarrea o dolor abdominal por más de 4 semanas, alternancia de diarrea y estreñimiento con distensión marcada, urgencia defecatoria, sensación de evacuación incompleta, o intolerancia a alimentos comunes que antes eran bien tolerados. Si se añaden señales de alarma —pérdida de peso involuntaria, anemia, fiebre, diarrea nocturna, sangrado rectal—, la prioridad debe ser una consulta médica para evaluación diagnóstica, pudiendo usar el test de microbioma como complemento para entender el “terreno” intestinal. Otras situaciones en las que aporta valor: antecedentes familiares de enfermedad inflamatoria intestinal; episodios recurrentes de infecciones gastrointestinales o uso reiterado de antibióticos; cambios dietéticos significativos (por ejemplo, transición a dietas muy bajas en carbohidratos fermentables) con aparición de síntomas; preparación para intervenciones médicas que puedan afectar la microbiota; y etapas de alto estrés sostenido. En población deportista con gran carga de entrenamiento, el microbioma también puede alterarse, y su evaluación puede informar ajustes en fibra, polifenoles y timing nutricional para proteger la barrera intestinal. Tras el diagnóstico de Crohn o colitis ulcerosa, la prueba ayuda a individualizar la dieta (por ejemplo, modulando FODMAPs de manera temporal y dirigida) y evaluar la respuesta a cambios concretos. Finalmente, si estás valorando una pauta probiótica, el test ofrece una base racional: no todos los probióticos son iguales ni apropiados para todas las personas; elegir cepas y dosis con un objetivo definido mejora la eficacia y reduce la frustración. Integrar esta información de forma conjunta con la calprotectina fecal, las vitaminas y minerales, y la historia clínica, permite definir estrategias tanto de alivio sintomático como de soporte a la mucosa intestinal en el mediano plazo.
5. Cómo interpretar los resultados de tu prueba de microbioma
Interpretar un informe de microbioma implica ir más allá de la curiosidad por “qué bacterias tengo” y enfocarse en patrones clínicamente útiles. Tres pilares suelen guiar la lectura: diversidad, equilibrios funcionales y señales de disbiosis específica. La diversidad alfa (por ejemplo, índices Shannon o Simpson) resume cuán variado y equilibrado es tu ecosistema; valores bajos se asocian con mayor vulnerabilidad a perturbaciones y, en algunos contextos, con inflamación crónica. En cuanto a equilibrios, observar la proporción entre Firmicutes y Bacteroidetes por sí sola dice poco, pero contextualizada con la presencia de bacterias productoras de AGCC, arqueas metanogénicas, y potencial de rutas fermentativas o proteolíticas, construye un perfil funcional. Señales de disbiosis incluyen sobreabundancia de oportunistas o descenso de bacterias butirato-productoras (por ejemplo, Faecalibacterium prausnitzii), cambios vinculados a permeabilidad intestinal, y patrones asociados a dieta ultraprocesada. En Crohn, aunque no hay una “firma” diagnóstica universal, sí se han descrito tendencias repetidas de menor diversidad y desplazamientos en grupos clave. La utilidad clínica surge cuando el informe se traduce en acciones: aumentar alimentos ricos en fibra fermentable bien tolerada (avena, legumbres adecuadamente preparadas, verduras cocidas), introducir alimentos fermentados con cautela (yogur, kéfir, chucrut pasteurizado o no según tolerancia), priorizar grasas de calidad (aceite de oliva, frutos secos), y, en algunos casos, pautar suplementación dirigida (probióticos multicepa, prebióticos como inulina o PHGG, o postbióticos como butirato). Es clave no sobrerreaccionar a una sola medición: el microbioma es dinámico y responde a la dieta, el sueño, el estrés y la medicación. Por eso, soluciones como InnerBuddies ofrecen informes con interpretación experta y recomendaciones personalizadas, además de seguimiento longitudinal, ayudando a distinguir cambios significativos de fluctuaciones esperables, y alineando el plan con objetivos concretos de salud digestiva y metabólica.
6. Mitos y verdades sobre las pruebas de microbioma
El creciente interés por el microbioma ha dado lugar a mitos que conviene aclarar. Mito 1: “Una prueba de microbioma diagnostica la enfermedad de Crohn”. Verdad: no, el diagnóstico de Crohn exige evaluación clínica, calprotectina fecal, endoscopia con biopsia y, cuando procede, imagen. El test de microbioma es complementario, útil para perfilar disbiosis, personalizar dieta y monitorizar cambios. Mito 2: “Hay una bacteria ‘mala’ única que causa Crohn”. Verdad: Crohn es multifactorial; influyen genética, inmunidad, barrera intestinal, dieta, infecciones y microbioma, sin una única causa aislada. Mito 3: “Un probiótico sirve para todos”. Verdad: las respuestas varían; la elección de cepas y dosis importa, y se deben ajustar a síntomas, tolerancia y objetivos. Mito 4: “La diversidad alta siempre es buena”. Verdad: la diversidad es un marcador global positivo, pero su interpretación depende del contexto clínico y de la función; no todo aumento es sinónimo de salud si coexisten oportunistas o rutas proinflamatorias. Mito 5: “Si el test sale ‘mal’, necesitas antibióticos”. Verdad: la mayoría de las veces, la intervención pasa por nutrición, prebióticos, probióticos/postbióticos, manejo del estrés y sueño; los antibióticos tienen indicaciones específicas y potenciales efectos adversos sobre la microbiota. Mito 6: “Puedes leer el informe sin guía”. Verdad: aunque los reportes son cada vez más amigables, la interpretación experta añade valor, evita conclusiones erróneas y transforma datos en pasos concretos. Por último, verdad clave: integrar el test con marcadores clínicos y objetivos personales amplifica su utilidad. Proveedores como InnerBuddies priorizan la calidad analítica y la traducción práctica, de modo que la prueba del microbioma sea una herramienta real para mejorar el bienestar, no solo un informe técnico. Entender qué promete y qué no promete evita frustraciones y alinea expectativas con la ciencia actual, que avanza rápidamente sin perder el rigor metodológico.
7. Integrando la prueba de microbioma en tu plan de bienestar
Un plan de bienestar eficaz frente a síntomas compatibles con Crohn —o tras su diagnóstico— integra varias capas: atención médica especializada, nutrición personalizada, actividad física adecuada, manejo del estrés y sueño reparador. La prueba de microbioma se ubica en la intersección entre nutrición y seguimiento objetivo. Tras una evaluación clínica inicial (para descartar urgencias y priorizar biomarcadores), el análisis del microbioma permite perfilar la dieta con mayor precisión, decidir si una estrategia baja en FODMAPs puede ser útil temporalmente, graduar la introducción de fibra fermentable y seleccionar alimentos fermentados según tolerancia. En el terreno de los suplementos, la elección de probióticos y postbióticos basada en el perfil aporta orden frente a la amplia oferta comercial. Asimismo, el entrenamiento moderado y regular se asocia con mayor diversidad microbiana y mejor función de la barrera intestinal; sin embargo, en fases de actividad inflamatoria elevada, ajustar la intensidad es crucial para no agravar el catabolismo o el estrés fisiológico. El manejo del estrés —meditación, respiración diafragmática, tiempo en la naturaleza— reduce la hiperactividad del eje intestino-cerebro y los efectos sobre la motilidad y la permeabilidad intestinal. Medir para mejorar: repetir el test cada 3–6 meses ofrece feedback objetivo, lo que fomenta adherencia y evita cambios drásticos sin fundamento. En esta lógica, un servicio integral como InnerBuddies, que combina el análisis técnico con asesoramiento dietético, hace que la compra de un kit de microbioma se traduzca en acciones prácticas y sostenibles, en lugar de un informe difícil de aplicar. Finalmente, mantener abiertos los canales con el equipo de salud permite ajustar fármacos y nutrición según síntomas, biomarcadores y evolución, construyendo un círculo virtuoso entre la medicina basada en evidencia y la personalización apoyada por datos del microbioma.
8. Tendencias emergentes y avances en el análisis del microbioma
El campo del microbioma avanza con rapidez, integrando nuevas tecnologías y expandiendo su impacto clínico. La metagenómica de tiro completo permite perfilar especies con mayor resolución y explorar repertorios génicos que predicen vías metabólicas, resistencia a antimicrobianos o capacidad de producir metabolitos bioactivos. La metatranscriptómica (expresión génica) y la metabolómica fecal comienzan a enlazar “quién está ahí” con “qué está haciendo”, una distinción clave para decisiones clínicas. En paralelo, la integración multimodal —combinar microbioma con datos clínicos, dieta, actividad física, sueño, y marcadores sanguíneos— potencia la precisión de recomendaciones. En enfermedad inflamatoria intestinal, se investigan firmas microbianas asociadas a respuesta a terapias biológicas, con la esperanza de estratificar pacientes y optimizar el inicio de fármacos de alto costo y potenciales efectos adversos. Otra área de interés es el diseño de probióticos de nueva generación (con cepas específicas y consorcios personalizados), así como postbióticos dirigidos (metabolitos beneficiosos sin necesidad de bacterias vivas). No menos relevante es la evaluación de la “resiliencia” del microbioma: su capacidad para recuperarse tras perturbaciones como antibióticos o infecciones, y cómo la dieta rica en fibra y polifenoles favorece esa resiliencia. En la práctica, estas tendencias se traducen en informes más útiles para el usuario, con recomendaciones accionables y seguimiento longitudinal. Al elegir una solución para evaluar tu microbiota, prioriza calidad analítica, transparencia metodológica y acompañamiento experto. Plataformas como InnerBuddies acercan la ciencia al día a día, manteniendo el rigor y evitando promesas grandilocuentes que la evidencia aún no sostiene. Estar informado sobre estas tendencias te permite aprovechar el estado del arte y, al mismo tiempo, mantener expectativas realistas: el microbioma no es una “varita mágica”, pero sí una pieza fundamental para comprender y cuidar la salud intestinal en condiciones complejas como Crohn.
Conclusión
El diagnóstico de la enfermedad de Crohn puede retrasarse meses o años debido a la superposición de síntomas con trastornos comunes y a la variabilidad de su presentación. Este retraso agrava el riesgo de complicaciones, afecta la nutrición y eleva el costo físico y emocional para el paciente. Reducirlo exige reconocer señales de alarma, utilizar biomarcadores (como la calprotectina fecal) y priorizar la evaluación endoscópica cuando está indicada. En paralelo, comprender el estado del microbioma intestinal ofrece un valor añadido: no diagnostica, pero ayuda a personalizar la alimentación, la suplementación y el estilo de vida, y a monitorizar cambios con datos objetivos. La clave es la integración: historia clínica, pruebas médicas y hallazgos del microbioma, unidos por un plan de bienestar realista y revisable. Si presentas síntomas persistentes, consulta pronto y considera el apoyo que brinda una evaluación del microbioma para orientar mejor tus decisiones cotidianas y acelerar el camino hacia el tratamiento más adecuado para ti.
Key Takeaways
- El retraso diagnóstico en Crohn suele ser de 6–24 meses; reconocer señales de alarma acorta ese tiempo.
- La calprotectina fecal elevada prioriza colonoscopia con biopsia para confirmar diagnóstico.
- La prueba de microbioma no diagnostica Crohn, pero perfila disbiosis y guía intervenciones dietéticas.
- En Crohn es común menor diversidad y reducción de bacterias productoras de butirato.
- Personalizar fibra, probióticos/postbióticos y alimentos fermentados mejora tolerancia y bienestar.
- Repetir el test cada 3–6 meses permite medir cambios y ajustar el plan.
- Integrar microbioma, clínica y laboratorio favorece decisiones más precisas.
- Servicios con asesoría experta, como InnerBuddies, facilitan convertir datos en acciones.
- El manejo integral incluye nutrición, actividad física, manejo del estrés y sueño.
- Actuar temprano reduce complicaciones, hospitalizaciones y necesidad de cirugía.
Q&A Section
1) ¿Cuánto tiempo puede retrasarse el diagnóstico de la enfermedad de Crohn?
En promedio, entre 6 y 24 meses, dependiendo del sistema sanitario y la presentación clínica. En algunos casos, el retraso supera los 2–3 años, especialmente cuando los síntomas se confunden con trastornos funcionales.
2) ¿Qué síntomas sugieren Crohn y deberían acelerar la consulta?
Diarrea crónica, dolor abdominal persistente, pérdida de peso involuntaria, anemia, fiebre baja y diarrea nocturna. El sangrado rectal y la urgencia defecatoria con incontinencia también son señales de alarma.
3) ¿Por qué se retrasa con frecuencia el diagnóstico?
Porque los síntomas iniciales son inespecíficos y frecuentes en otras condiciones. Además, los periodos de remisión aparente y la autogestión sin evaluación especializada contribuyen al retraso.
4) ¿Qué pruebas confirman la enfermedad de Crohn?
Calprotectina fecal elevada orienta a inflamación; la colonoscopia con biopsia confirma el diagnóstico. La enterorresonancia o enterografía por TAC evalúan el intestino delgado y complicaciones.
5) ¿Una prueba de microbioma puede diagnosticar Crohn?
No. La prueba de microbioma es complementaria: perfila disbiosis, ayuda a personalizar la dieta y monitoriza cambios, pero no sustituye a la endoscopia ni a la evaluación clínica.
6) ¿Qué patrones microbianos se asocian con Crohn?
Menor diversidad y reducción de bacterias productoras de butirato, junto con cambios en especies potencialmente proinflamatorias. Son tendencias, no marcadores diagnósticos definitivos.
7) ¿Sirven los probióticos en Crohn?
Pueden ser útiles en perfiles concretos y como parte de un plan integral. La selección de cepas y dosis debe personalizarse según síntomas, tolerancia y objetivos terapéuticos.
8) ¿Cómo ayuda el análisis del microbioma a reducir el retraso diagnóstico?
No confirma la enfermedad, pero si revela disbiosis en un contexto de síntomas persistentes, puede motivar una consulta y evaluación prioritaria. También orienta intervenciones mientras avanza el proceso diagnóstico.
9) ¿Cada cuánto repetir una prueba de microbioma?
Habitualmente cada 3–6 meses si se han realizado cambios relevantes en dieta, suplementos o tratamientos. Repetirla permite medir respuesta y ajustar estrategias con datos objetivos.
10) ¿Qué papel juega la dieta en Crohn?
Es clave para modular síntomas y apoyar la mucosa intestinal. La personalización (tipo de fibra, alimentos fermentados, grasas de calidad) mejora tolerancia y puede reducir la inflamación de bajo grado.
11) ¿Cuándo considerar comprar un kit de microbioma?
Si tienes síntomas digestivos persistentes, antecedentes familiares o planeas cambios dietéticos significativos. Un kit con asesoría, como el de InnerBuddies, traduce resultados en recomendaciones prácticas.
12) ¿La actividad física influye en el microbioma?
Sí, el ejercicio moderado y regular se asocia con mayor diversidad y mejor función de la barrera intestinal. En fases activas de inflamación, la intensidad debe ajustarse para evitar estrés adicional.
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