How to fix gut inflammation quickly? - InnerBuddies

¿Cómo aliviar la inflamación intestinal rápidamente?

Descubre estrategias efectivas para reducir la inflamación intestinal rápidamente. ¡Aprende consejos prácticos y remedios naturales para mejorar tu salud digestiva hoy mismo!
Empieza por identificar señales de gut inflammation y sus causas inmediatas: dieta, estrés, fármacos o infecciones. Este artículo explica qué es la inflamación intestinal, cómo se relaciona con el microbioma, y qué puedes hacer hoy para aliviarla con evidencia científica. Encontrarás estrategias rápidas y sostenibles: pautas dietéticas antiinflamatorias, gestión del estrés, sueño, suplementos con respaldo, y cuándo acudir a pruebas del microbioma para personalizar el abordaje. También verás cómo interpretar resultados, mitos comunes y casos prácticos, con un enfoque claro y accionable que prioriza tu seguridad y resultados medibles. Al final, una sección de preguntas frecuentes resume los puntos clave para ayudarte a decidir los próximos pasos. Si buscas alivio rápido sin perder de vista la raíz del problema, aquí tienes una guía completa, práctica y realista para recuperar el equilibrio intestinal.

Quick Answer Summary

  • Reduce rápidamente la inflamación intestinal con una dieta baja en irritantes: elimina alcohol, ultraprocesados, picantes, grasas trans y exceso de fructosa.
  • Prioriza alimentos antiinflamatorios suaves: caldos, avena cocida, arroz blanco, plátano maduro, patata, papilla de zanahoria, yogur natural si lo toleras.
  • Hidrátate y repleta electrolitos: agua, caldos, agua de arroz o soluciones orales; evita bebidas azucaradas.
  • Usa probióticos con evidencia (L. rhamnosus GG, S. boulardii) y prebióticos bien tolerados (PHGG) si no generan molestias.
  • Aplica manejo del estrés: respiración diafragmática 5–10 minutos, descanso de pantallas, paseos suaves.
  • Duerme 7–9 horas; la falta de sueño aumenta marcadores inflamatorios y permeabilidad intestinal.
  • Revisa fármacos: AINEs, alcohol y tabaco agravan la irritación; consulta alternativas con tu médico.
  • Valora una prueba del microbioma para personalizar dieta y suplementos según tus bacterias predominantes.
  • Busca signos de alarma: sangre en heces, fiebre, dolor intenso, deshidratación; requiere atención médica.
  • Consolida el alivio con un plan a 4–8 semanas y ajustes basados en un análisis del microbioma.

La inflamación intestinal es una respuesta del sistema inmune de la mucosa frente a irritantes, infecciones, disbiosis o enfermedades crónicas. Aunque el alivio rápido importa, actuar solo sobre los síntomas puede ser un parche. Aquí aprenderás a reducir el fuego digestivo en horas o días, y a la vez identificar y corregir la raíz, especialmente cuando intervienen desequilibrios del microbioma. Cubrimos: qué es la inflamación, cómo medirla indirectamente, cuándo sirve una prueba del microbioma, cómo interpretar informes, y pasos prácticos para modular bacterias y reforzar la barrera intestinal. Si vives con hinchazón, dolor, diarrea o fatiga asociada al intestino, este recorrido te proporciona herramientas de acción inmediata y un mapa para recuperar estabilidad a largo plazo, minimizando riesgos y basándote en prácticas con respaldo científico, datos objetivos y personalización progresiva.

1. Introducción: La importancia de entender el microbioma intestinal en la salud moderna

Hablar de aliviar rápidamente la inflamación intestinal exige comprender el papel del microbioma, ese ecosistema de bacterias, arqueas, hongos y virus que colonizan el tubo digestivo. Lejos de ser meros pasajeros, estos microorganismos metabolizan fibras, producen ácidos grasos de cadena corta (AGCC) como el butirato, entrenan al sistema inmunitario e influyen en hormonas, neurotransmisores y la integridad de la barrera intestinal. Cuando hay disbiosis —un desequilibrio entre especies beneficiosas y potencialmente perjudiciales—, se altera la producción de metabolitos protectores, aumenta la permeabilidad epitelial y el sistema inmune de la mucosa reacciona más fuerte a estímulos cotidianos. En términos prácticos, esto puede traducirse en hinchazón, dolor, urgencia, diarrea o estreñimiento, y en marcadores inflamatorios locales elevados. La vida moderna acumula factores que promueven disbiosis: dietas pobres en fibra y ricas en ultraprocesados, estrés crónico, antibióticos o antiinflamatorios frecuentes, alteraciones del sueño, y escaso contacto con entornos naturales. De allí que el abordaje eficaz del “fuego” intestinal no se reduzca a un antiespasmódico o un antiácido. La ciencia sugiere que la intervención nutricional, el manejo del estrés y el sueño, junto a probióticos seleccionados, pueden disminuir la inflamación en días o pocas semanas, mientras que la personalización —incluida la evaluación del microbioma— aporta precisión para sostener resultados. Este artículo integra tácticas de alivio inmediato con una visión de raíz, guiándote desde el “qué hago hoy” hasta el “cómo sostengo la remisión y prevengo recaídas”.

2. La inflamación intestinal y su relación con el microbioma

La inflamación intestinal es la activación del sistema inmune de la mucosa frente a agresores exógenos (patógenos, toxinas, irritantes alimentarios) o endógenos (disbiosis, daño de la barrera epitelial, autoanticuerpos). A nivel celular, implica citocinas proinflamatorias, reclutamiento de células inmunes y cambios en la permeabilidad intestinal. En formas leves y agudas, los síntomas pueden ser distensión, dolor cólico, heces sueltas y sensación de urgencia; si persiste, incrementa el riesgo de sensibilización visceral, sobrecrecimiento bacteriano en intestino delgado (SIBO), intolerancias alimentarias secundarias y fatiga. El microbioma influye tanto en la aparición como en la resolución de esta inflamación: comunidades ricas en productores de butirato (por ejemplo, especies dentro de Lachnospiraceae y Ruminococcaceae) nutren a los colonocitos y promueven un tono antiinflamatorio; por el contrario, un exceso de bacterias con potencial proinflamatorio o endotoxigénico puede amplificar la respuesta inmunitaria. Factores precipitantes incluyen infecciones gastrointestinales, transgresiones dietéticas, alcohol, fármacos como AINEs, y estrés que activa el eje intestino-cerebro, modificando motilidad, secreción y permeabilidad. Entender qué mecanismo predomina en tu caso es clave: si la causa inmediata es una intoxicación alimentaria, la prioridad es hidratación, reposo intestinal relativo y probióticos antidiarreicos; si la base es disbiosis crónica, es más eficaz una estrategia dual que combine una fase calmante (baja en FODMAPs o con alimentos suaves) con una reconstrucción progresiva de la diversidad microbiana. La detección temprana de señales de alarma (sangre, fiebre, pérdida de peso, dolor intenso) debe dirigir a una evaluación médica, mientras que los cuadros leves a moderados suelen responder bien a medidas conductuales, nutricionales y microbianas, con alivio notable en 24–72 horas cuando se aplican de forma consistente.

3. ¿Qué es una prueba del microbioma intestinal y cómo funciona?

Una prueba del microbioma intestinal, habitualmente basada en análisis de heces por secuenciación genética (como 16S rRNA o metagenómica), caracteriza la composición y, en algunos casos, el potencial funcional de tus microorganismos. El proceso suele incluir un kit de recolección en casa, toma de muestra siguiendo instrucciones de higiene y conservación, y su envío a laboratorio donde se extrae ADN microbiano para identificar taxones y estimar su abundancia relativa. Un informe útil describe diversidad, presencia de grupos funcionales (productores de AGCC, degradadores de mucina), posibles sobrecrecimientos o desequilibrios y comparaciones con poblaciones de referencia. Factores que afectan la lectura incluyen dieta reciente, antibióticos, probióticos y el momento del ciclo intestinal; por ello, muchos proveedores recomiendan evitar cambios bruscos en la semana previa y registrar tu dieta. Para personas con gut inflammation recurrente, el valor inmediato de la prueba reside en detectar patrones consistentes (p.ej., baja diversidad, escasez de butirato) que guíen una intervención precisa. Si estás considerando adquirir un test del microbioma intestinal, es importante elegir un servicio que ofrezca interpretación clara y recomendaciones accionables. Contar con un kit de prueba del microbioma con asesoría nutricional integrada facilita traducir los datos en ajustes dietéticos concretos y selección de suplementos basados en evidencia. Aunque las pruebas no sustituyen diagnósticos médicos, son una capa de información valiosa para personalizar el plan antiinflamatorio y monitorizar progresos en el tiempo.

4. Beneficios de realizar una prueba del microbioma

Los beneficios de una prueba del microbioma se articulan en tres planos: diagnóstico ampliado, personalización terapéutica y seguimiento objetivo. Primero, ayuda a identificar desequilibrios (baja diversidad, exceso de bacterias sulfatorreductoras, carencia de productores de butirato) que muchas veces explican por qué una dieta “saludable” general no funciona para ti. Segundo, permite ajustar la nutrición con precisión: si careces de especies que metabolizan determinadas fibras, puedes introducir prebióticos gradualmente o usar fibras específicas de mejor tolerancia como goma guar parcialmente hidrolizada (PHGG); si se detecta potencial de inflamación por endotoxinas, una dieta baja en grasas ultra procesadas y rica en polifenoles puede disminuir la translocación. Tercero, la repetición de la prueba tras 8–12 semanas aporta métricas de respuesta, reforzando la adherencia y afinando el plan. Para mejorar el retorno de inversión, busca informes que transformen datos en pasos prácticos y eviten alarmismo. La prueba del microbioma puede contextualizar reacciones a alimentos, orientar el uso de probióticos específicos (por cepa, no solo por género) y sugerir cuándo conviene priorizar tolerancia (fibras bajas en FODMAPs) versus cuándo expandir diversidad. Otro beneficio relevante es la educación: comprender la ecología intestinal empodera decisiones diarias —desde el diseño del desayuno hasta la higiene del sueño— que amortiguan picos inflamatorios. En presencia de síntomas persistentes pese a las medidas estándar, el análisis microbiano puede revelar “puntos ciegos” como baja síntesis de AGCC, sobrecrecimiento de oportunistas o perfiles fermentativos que explican gases dolorosos, y así prevenir un círculo vicioso entre dolor, evitación alimentaria y mayor disbiosis.

5. Cómo interpretar tus resultados de la prueba del microbioma

Interpretar un informe de microbioma exige distinguir entre correlaciones poblacionales y tu contexto clínico. Busca primero indicadores globales: diversidad (alfa diversidad), equilibrio entre firmicutes y bacteroidetes (con cautela, no es un biomarcador absoluto), y abundancia de grupos funcionales protectores como productores de butirato. Luego, examina señales de alerta suave: elevada presencia de especies asociadas con inflamación en estudios (p.ej., ciertas Enterobacteriaceae en exceso), disminución de Akkermansia muciniphila o Faecalibacterium prausnitzii, y patrones sugerentes de fermentación proteica excesiva que implican subproductos irritantes. Un buen informe traduce estos hallazgos en sugerencias concretas: aumentar alimentos ricos en fibras solubles específicas, incorporar polifenoles (arándanos, cacao puro), usar probióticos con cepas con evidencia en diarrea o síndrome de intestino irritable, y revisar hábitos de sueño. Si tomaste antibióticos o cambiaste drásticamente la dieta recientemente, interpreta con cautela: los microbiomas son dinámicos. Considera repetir la prueba tras implementar cambios, para medir si suben los productores de AGCC y mejora la diversidad. Cuando los resultados muestren patrones complejos o si tienes enfermedad inflamatoria intestinal (EII), consulta a un profesional con experiencia en salud intestinal para integrar los datos con tu historia clínica, analíticas y posibles estudios adicionales. Recuerda que el objetivo no es “perseguir bacterias perfectas” sino recuperar funciones: tolerancia inmunitaria, integridad de mucosa y digestiones predecibles sin dolor ni urgencia. La personalización progresiva, más que cambios bruscos, reduce reacciones y consolida mejoras sostenibles.

6. Estrategias para optimizar tu microbioma tras los resultados

Tras conocer tu microbioma, aplica una estrategia en capas: calmar, reconstruir y consolidar. En fase de calma (1–3 semanas), limita irritantes (alcohol, picantes, fritos, ultraprocesados), prioriza alimentos suaves y ricos en fibras bien toleradas (avena cocida, arroz, patata, calabaza) y añade grasas antiinflamatorias como aceite de oliva virgen extra en dosis moderadas. Si hay diarrea, considera S. boulardii y L. rhamnosus GG; para estreñimiento, PHGG o psyllium en escalada lenta. Integra caldos, gelatinas y colágeno si facilitan la ingesta cuando hay hipersensibilidad. En fase de reconstrucción (4–8 semanas), amplía diversidad con legumbres bien cocidas y reintroducción gradual de verduras ricas en polifenoles; incorpora alimentos fermentados si los toleras (kéfir, yogur natural, chucrut pasteurizado si te sienta mejor al inicio). Ajusta según respuesta: episodios de gut inflammation exigen reducción temporal de FODMAPs y luego regreso controlado para no “empobrecer” el ecosistema. Evalúa hierro, vitamina D y B12 si hay fatiga o antecedentes de disbiosis. La consolidación (8–12+ semanas) consiste en estabilizar hábitos y usar datos para mantener funciones clave: más sueño, pausas de estrés, ejercicio aeróbico moderado, contacto con la naturaleza. Repite un análisis del microbioma si deseas objetivar cambios y afinar suplementos. Evita el uso indiscriminado de antibióticos y AINEs; conversa con tu médico alternativas cuando sea posible. Por último, personaliza probióticos: cepas concretas tienen dianas distintas; elige por indicación clínica y tolerancia individual, no por “más CFUs”.

7. Mitos y verdades sobre las pruebas del microbioma

Un mito frecuente es que la prueba del microbioma “diagnostica” enfermedades; en realidad, describe composiciones y funciones potenciales que, interpretadas en contexto, orientan decisiones. Otro mito: “cambiar bacterias es rápido”; si bien algunos síntomas mejoran en días, la remodelación estable del ecosistema suele tomar semanas a meses. Verdad: la diversidad y la presencia de productores de AGCC se asocian con menor inflamación, pero no hay una “flora ideal” única. Mito: “más probióticos siempre es mejor”; la evidencia favorece la selección por cepa y objetivo, en dosis individualmente toleradas. Verdad: la dieta y el estilo de vida modulan el microbioma tanto o más que los suplementos; el sueño insuficiente y el estrés crónico elevan la permeabilidad intestinal y la reactividad inmune. Mito: “si una fibra es saludable, me servirá en plena crisis”; durante brotes, algunas fibras fermentables pueden incrementar gases y dolor; conviene priorizar fibras solubles suaves y reintroducir gradualmente las más fermentables conforme cede la inflamación. Verdad: un test del microbioma intestinal con recomendaciones claras acelera el ensayo y error, pero no sustituye la supervisión médica cuando hay signos de alarma. Evita interpretaciones simplistas de relaciones como firmicutes/bacteroidetes; es un indicador que depende de contexto, dieta y técnica analítica. La clave es usar la prueba como brújula: guía la ruta, pero no es el mapa completo. Combinada con síntomas, analíticas y tu historia, potencia resultados y minimiza recaídas.

8. Casos de éxito y testimonios

Considera a Laura, 34 años, con episodios de hinchazón, diarrea alternante y fatiga tras periodos de alto estrés. Inició una fase calmante de dos semanas con dieta suave, caldos y avena, retiró alcohol y ultraprocesados, y añadió S. boulardii; mejoró el tránsito y cedieron los cólicos en cuatro días. La prueba del microbioma mostró baja diversidad y escasez de productores de butirato; en reconstrucción, incorporó PHGG, verduras cocidas ricas en polifenoles y yogur natural; a ocho semanas, disminuyeron los episodios y recuperó energía. En el caso de Marcos, 46 años, dolores posprandiales y acidez frecuentes, consumo de AINEs por lesiones deportivas: la intervención priorizó retirada gradual de AINEs con su médico, aceite de oliva virgen extra, cenas tempranas y respiración diafragmática; probióticos específicos y ajustes de fibra redujeron el ardor y las visitas nocturnas al baño. Una tercera historia: Sara, 28, tras gastroenteritis, quedó con intestino sensible; hidratación, dieta BRAT modificada (arroz, plátano maduro, compota de manzana sin azúcar, tostadas integrales suaves), zinc carnosina y L. rhamnosus GG aceleraron la recuperación; su informe microbiano guió la progresión de fibras y alimentos fermentados. En todos, la combinación de rapidez táctica y personalización estratégica transformó brotes en estabilidad sostenible. No son “curas milagrosas”, sino planes coherentes, medibles y adaptados a sus vidas reales.

9. Consideraciones éticas y cuestiones a tener en cuenta

Las pruebas del microbioma manejan datos sensibles sobre tu salud. Es fundamental que el proveedor establezca políticas claras de privacidad, anonimización de muestras, control de acceso y derechos de eliminación de datos. Pregunta cómo se usan los datos para investigación y si hay consentimiento explícito y revocable. También reconoce limitaciones: la microbiota es dinámica y los resultados reflejan una instantánea influida por dieta y fármacos recientes; la interpretación funciona mejor en serie y en contexto clínico. Evita sobregeneralizar correlaciones: que un taxón aparezca asociado a inflamación no implica causalidad en tu caso. Éticamente, la recomendación de suplementos y dietas debe basarse en evidencia y seguridad, respetando tus preferencias culturales y socioeconómicas. Si hay EII, enfermedad celíaca, embarazo, lactancia o comorbilidades complejas, integra al equipo de salud para ajustar el plan. Finalmente, la alfabetización en salud es un pilar: comprender qué mide y qué no mide una prueba evita falsas expectativas y decisiones impulsivas. El objetivo no es etiquetarte por tu flora, sino poner la información al servicio de tu bienestar, con transparencia, autonomía y acompañamiento profesional cuando sea necesario.

10. Conclusión: El poder del conocimiento sobre tu microbioma para una vida más saludable

Aliviar rápido la inflamación intestinal sin perder de vista la causa es posible cuando combinas medidas tácticas —dieta calmante, hidratación, manejo del estrés, probióticos dirigidos— con una estrategia informada por tu microbioma. En horas o pocos días puedes reducir dolor, gases y urgencia si eliminas irritantes, priorizas alimentos suaves y apoyas la barrera intestinal; en semanas, puedes consolidar la tolerancia e incrementar diversidad microbiana, disminuyendo la reactividad. La clave está en actuar en capas: primero apagar el incendio, luego reconstruir la casa para que no vuelva a arder. Una prueba del microbioma aporta precisión, identifica cuellos de botella (como baja producción de AGCC) y alinea tu dieta y suplementos con tu biología actual, reduciendo el ensayo-error y reforzando la adherencia con métricas objetivas. Este enfoque no reemplaza la valoración médica para signos de alarma, pero potencia la recuperación cuando el cuadro es leve o moderado. La salud intestinal es un sistema: lo que comes, cómo duermes, cómo respiras y cómo te mueves dialoga con tus bacterias, y juntas modulan el tono inflamatorio. Si conviertes este conocimiento en hábitos diarios, no solo apagas brotes; construyes resiliencia digestiva y bienestar general. Empieza hoy con pasos simples, escucha tu respuesta, mide cuando sea útil y ajusta con paciencia estratégica: tu intestino sabe recompensar la consistencia.

Key Takeaways

  • La inflamación intestinal surge de irritación, disbiosis y barrera epitelial comprometida; se alivia con estrategias integradas.
  • El alivio rápido prioriza dieta calmante, hidratación, probióticos con evidencia y manejo del estrés y sueño.
  • Los AGCC como el butirato reducen inflamación; promuévelos con fibras solubles y diversidad vegetal progresiva.
  • Evita decisiones binarias: durante brotes, baja FODMAPs; en remisión, reintroduce para no empobrecer el microbioma.
  • Revisa fármacos irritantes (AINEs, alcohol, tabaco) y coordina alternativas con tu médico.
  • Una prueba del microbioma guía la personalización de dieta y suplementos y permite medir progreso.
  • Las cepas probióticas deben elegirse por indicación y tolerancia, no por cantidad indiscriminada.
  • El estrés y la falta de sueño aumentan permeabilidad y reactividad inmune; gestiona el eje intestino-cerebro.
  • Señales de alarma requieren evaluación clínica: sangre en heces, fiebre, dolor severo, pérdida de peso, deshidratación.
  • La consistencia supera las soluciones rápidas: calma, reconstruye y consolida para estabilidad duradera.

Q&A Section

1) ¿Qué es exactamente la inflamación intestinal?
Es la activación del sistema inmune de la mucosa frente a irritantes, patógenos o disbiosis. Se manifiesta con dolor, hinchazón, cambios en el tránsito y a veces fiebre o malestar general. Puede ser aguda y autolimitada o crónica y requerir atención especializada.

2) ¿Cómo puedo aliviar los síntomas en 24–72 horas?
Retira alcohol, ultraprocesados y picantes; usa dieta suave con caldos, arroz, patata, plátano y avena cocida. Añade hidratación con electrolitos, S. boulardii o L. rhamnosus GG y descanso adecuado. Practica respiración diafragmática y paseos suaves para modular el eje intestino-cerebro.

3) ¿Qué papel juega el microbioma en la gut inflammation?
Un microbioma diverso, rico en productores de butirato, protege la barrera intestinal y reduce citocinas proinflamatorias. La disbiosis favorece permeabilidad, endotoxemia y reactividad inmune. Corregir desequilibrios ayuda a apagar brotes y prevenir recaídas.

4) ¿Cuándo conviene hacer una prueba del microbioma?
Si sufres brotes recurrentes, respuestas impredecibles a alimentos o mejoras parciales con medidas generales. Un test aporta datos para personalizar fibras, probióticos y polifenoles. Úsalo como guía, no como diagnóstico único.

5) ¿Los probióticos funcionan para todos?
Funcionan mejor cuando se eligen por cepa y objetivo (diarrea, SII, posantibióticos). La tolerancia individual importa: empieza con dosis bajas y sube gradualmente. Si hay empeoramiento sostenido, suspende y reevalúa.

6) ¿Qué dieta es más útil durante un brote?
Una dieta calmante, baja en irritantes y con fibras solubles suaves. Opciones: caldos, cremas de verduras cocidas, arroz, patata, avena, compotas sin azúcar. Reintroduce gradualmente legumbres y fermentados cuando ceda la sensibilidad.

7) ¿Cómo influye el estrés en la inflamación intestinal?
El estrés activa el eje hipotálamo-hipófisis-adrenal y el sistema nervioso entérico, alterando motilidad y permeabilidad. Técnicas breves de respiración, pausas y sueño reparador reducen marcadores inflamatorios. Integrarlas acelera la recuperación.

8) ¿Puedo hacer ejercicio durante un brote?
Evita alta intensidad si aumenta el dolor o la urgencia. Prefiere caminatas, movilidad suave y respiración. Cuando remita, retoma progresivamente actividades aeróbicas y de fuerza, que benefician al microbioma.

9) ¿Qué medicamentos debo revisar con mi médico?
AINEs, algunos antibióticos, inhibidores de bomba a largo plazo y alcohol pueden empeorar la mucosa. No suspendas por cuenta propia; consulta alternativas o protectores. Ajustar medicación reduce la irritación recurrente.

10) ¿Cuánto tiempo tarda en cambiar el microbioma?
Algunos cambios funcionales se notan en días, pero la reconfiguración estable toma semanas a meses. La consistencia en dieta, sueño y manejo del estrés es determinante. Revalúa y ajusta cada 4–8 semanas.

11) ¿La prueba del microbioma reemplaza a la colonoscopia o análisis clínicos?
No. Es complementaria y orienta la personalización, pero no sustituye pruebas diagnósticas para descartar EII, celiaquía u otras condiciones. Usa ambas según indicación clínica y síntomas.

12) ¿Cómo sé si necesito atención médica inmediata?
Si hay sangre en heces, fiebre alta, dolor intenso continuo, deshidratación, pérdida de peso inexplicada o antecedentes de EII. Estos signos requieren valoración urgente. No retrases la consulta esperando a que “se pase”.

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